La alimentación podría influir en cómo respondemos a una vacuna
La fiebre después de la vacunación suele ser una reacción temporal del sistema inmunitario. En la mayoría de los casos, refleja que el organismo está activando mecanismos de defensa y no significa que la vacuna esté causando una infección.
Sin embargo, no todas las personas reaccionan de la misma manera. Algunas presentan fiebre, cansancio o malestar, mientras que otras apenas notan cambios. ¿Podrían influir la alimentación y las bacterias que viven en el intestino?
Un estudio publicado en la revista Science investigó precisamente esta posibilidad. Sus autores analizaron la relación entre la dieta habitual, la microbiota intestinal —el conjunto de microorganismos que viven en el aparato digestivo— y la fiebre posterior a la vacunación. También estudiaron una molécula producida por algunas bacterias intestinales: la flagelina, una proteína capaz de estimular al sistema inmunitario.
Una forma sencilla de imaginarlo es pensar en la microbiota como una comunidad de vecinos. Algunos habitantes pueden contribuir al equilibrio del barrio, mientras que otros, dependiendo del contexto, pueden generar señales de alarma. La dieta ayuda a determinar qué microorganismos prosperan y qué sustancias producen.
¿Qué investigaron los científicos?
La hipótesis principal fue que ciertos patrones de alimentación podían estar relacionados con una microbiota intestinal más rica en bacterias productoras de flagelina y, por tanto, con una respuesta febril más intensa tras la vacunación.
Los investigadores prestaron especial atención a las diferencias entre personas que seguían una alimentación basada en plantas —veganas o vegetarianas— y quienes consumían alimentos de origen animal con mayor frecuencia. También evaluaron si las diferencias observadas podían explicarse únicamente por el consumo de carne o si estaban relacionadas con la calidad general de la dieta.
Este matiz es importante. Una alimentación omnívora no es necesariamente poco saludable, del mismo modo que una dieta vegetariana no es automáticamente equilibrada. En este estudio, los autores plantean que algunos componentes de los productos ultraprocesados y de las dietas de baja calidad podrían ser más relevantes que la carne por sí sola.
¿Cómo se realizó el estudio?
Observación de personas vacunadas
Los investigadores analizaron participantes del estudio denominado μHEAT. En la visita inicial, cada persona proporcionó una muestra de sangre y respondió preguntas sobre factores como dieta, vacunaciones previas, infección previa por COVID-19, tabaquismo y consumo de alcohol. También se registraron medidas corporales y la temperatura oral.
Después de la vacunación, los participantes midieron su temperatura en casa tres veces al día (por la mañana, la tarde y la noche) y anotaron los resultados en un diario. Además, recogieron muestras de heces para estudiar la composición de la microbiota intestinal.
Los investigadores compararon a las personas con temperaturas más elevadas, clasificadas como participantes con fiebre alta, con quienes tuvieron una respuesta febril menor.
Análisis de la microbiota y la alimentación
Para estudiar los microorganismos intestinales, se utilizaron análisis genéticos de las muestras fecales. También se aplicó una herramienta llamada MEDI, capaz de identificar fragmentos de ADN procedentes de alimentos presentes en las heces. Esto permitió obtener una idea más detallada de los alimentos consumidos, más allá de las categorías generales declaradas por los participantes.
Por ejemplo, el análisis confirmó que las personas vegetarianas presentaban más señales de alimentos de origen vegetal, no mostraban ADN de cerdo y tenían una mayor presencia de señales relacionadas con el consumo de linaza que los participantes omnívoros.
Experimentos de laboratorio
El estudio no se limitó a observar asociaciones en seres humanos. Los autores también cultivaron bacterias intestinales en el laboratorio y analizaron el efecto de determinados aditivos alimentarios, incluido el carboximetilcelulosa o CMC.
Además, examinaron microbiotas humanas en sistemas de laboratorio que imitan algunas condiciones del intestino. Estos experimentos buscaron determinar si ciertos aditivos podían favorecer el crecimiento de bacterias productoras de flagelina.
Principales resultados del estudio
Las personas con alimentación vegetal tuvieron menos fiebre
Entre los participantes analizados, las personas veganas y vegetarianas presentaron un aumento de temperatura menor después de la vacunación que quienes se identificaron como omnívoros, pescetarianos o seguidores de otras dietas especiales. En el grupo de alimentación vegetal también hubo menos participantes clasificados como “fiebre alta”.
La diferencia siguió siendo estadísticamente significativa después de tener en cuenta varios factores que podían influir en la fiebre, como la edad, el sexo, el índice de masa corporal, el tipo y la dosis de vacuna, el uso de medicamentos para reducir la fiebre, los antecedentes de fiebre y los niveles iniciales de anticuerpos frente al SARS-CoV-2.
Esto no demuestra que una dieta vegetariana prevenga la fiebre. Indica, más modestamente, que en esta población existió una asociación entre ambos factores.
La dieta no pareció alterar la cantidad de anticuerpos
Aunque la temperatura corporal fue diferente entre los grupos, los niveles de anticuerpos antes y después de la vacunación fueron similares según el patrón dietético. También fue semejante el aumento relativo de anticuerpos.
Este resultado es relevante porque fiebre y protección inmunitaria no son exactamente lo mismo. Una reacción febril más intensa no necesariamente significa que la vacuna haya generado una mejor protección. Del mismo modo, tener poca fiebre no implica que la respuesta inmunitaria sea insuficiente.
Las personas con fiebre alta mostraron señales de una dieta menos saludable
Los participantes con fiebre más elevada tenían, en promedio, perfiles de colesterol y lípidos menos favorables al inicio del estudio. Esta diferencia se explicó en gran medida por la dieta, aunque algunos marcadores de alteración cardiometabólica mostraron una tendencia similar incluso dentro de cada categoría dietética.
También se observaron concentraciones más altas de apolipoproteína E y de metabolitos relacionados con el metabolismo de las grasas. Uno de ellos fue identificado como etil linolenato, un compuesto precursor de sustancias implicadas en procesos inflamatorios. Algunas de estas diferencias persistieron después de ajustar por la dieta habitual.
La microbiota de las personas con fiebre alta contenía más señales relacionadas con flagelina
Los investigadores encontraron diferencias en la composición de la microbiota intestinal entre los participantes con fiebre alta y baja. Una bacteria del género Waltera tendía a ser más abundante en determinados grupos dietéticos, pero su mayor presencia en las personas con fiebre alta se mantuvo incluso al considerar la dieta.
La flagelina es una proteína que puede activar receptores del sistema inmunitario, especialmente el receptor TLR5. En términos cotidianos, podría compararse con una señal de alarma que algunas bacterias liberan o producen en mayor cantidad. Si el sistema inmunitario detecta más señales de este tipo, la respuesta inflamatoria podría ser más intensa.
Algunos aditivos alimentarios aumentaron la producción de flagelina en el laboratorio
En los experimentos de laboratorio, el CMC favoreció el crecimiento de W. intestinalis y Waltera hominis, al mismo tiempo que redujo el crecimiento de otros microorganismos intestinales habituales. Además, las bacterias W. intestinalis produjeron más flagelina cuando crecieron en presencia de CMC, incluso al tener en cuenta la cantidad de bacterias.
Estos resultados apoyan la posibilidad de que algunos componentes habituales de los alimentos ultraprocesados puedan modificar la microbiota y sus productos. Sin embargo, un experimento de laboratorio no equivale automáticamente a lo que ocurre en el organismo humano después de comer un alimento concreto.
¿Qué significa todo esto?
El estudio propone un posible recorrido biológico:
- Una dieta de menor calidad o rica en determinados productos industriales (azúcares, grasas saturadas, etc.) puede modificar la microbiota.
- Algunas bacterias pueden aumentar la producción de flagelina.
- La flagelina puede estimular al sistema inmunitario.
- Ante la vacunación, esa activación previa podría contribuir a una respuesta febril más intensa.
Esta explicación es científicamente plausible, pero todavía no está confirmada como una relación causal en seres humanos. Los propios autores señalan que hacen falta estudios de intervención para comprobar si mejorar la alimentación puede reducir las reacciones febriles después de una vacuna.

Fortalezas del estudio
Entre sus principales fortalezas se encuentran:
- Medición repetida de la temperatura: los participantes registraron su temperatura varias veces al día, en lugar de depender únicamente de un recuerdo posterior.
- Consideración de posibles factores de confusión: el análisis tuvo en cuenta edad, sexo, índice de masa corporal, vacunación, medicamentos y antecedentes relevantes.
- Combinación de diferentes niveles de investigación: se estudiaron datos clínicos, microbiota, metabolitos, proteínas y experimentos de laboratorio.
- Evaluación más detallada de la dieta: el método MEDI aportó información complementaria a las categorías dietéticas declaradas por los participantes.
Limitaciones y posibles sesgos
No demuestra causa y efecto
La parte principal del estudio fue observacional. Esto significa que los investigadores observaron lo que ya ocurría, pero no asignaron al azar una dieta a los participantes. Por tanto, no se puede afirmar que una dieta vegetariana sea la causa directa de una menor fiebre.
Las personas que siguen una alimentación vegetal pueden diferir en muchos otros aspectos: actividad física, consumo de alcohol, tabaquismo, calidad general de la dieta, nivel educativo, acceso a servicios sanitarios o uso de suplementos.
La información dietética fue limitada
Los autores reconocen que los datos dietéticos recogidos inicialmente se basaron en categorías amplias y autodeclaradas. Estas categorías pueden ocultar diferencias importantes. Por ejemplo, dos personas vegetarianas pueden tener dietas muy distintas: una puede consumir principalmente legumbres, frutas, verduras y frutos secos, mientras que otra puede basar su alimentación en productos vegetarianos ultra procesados.
Los grupos no fueron iguales en tamaño
El análisis incluyó 46 participantes veganos o vegetarianos y 125 personas clasificadas como omnívoras, pescetarianas o con otras dietas especiales. La diferencia en el tamaño de los grupos puede afectar la precisión de las comparaciones.
Los experimentos de laboratorio tienen un alcance limitado
Los resultados obtenidos con CMC y bacterias cultivadas son útiles para proponer mecanismos, pero no permiten concluir que cualquier alimento con este aditivo produzca fiebre en las personas. La cantidad consumida, la combinación de alimentos, la microbiota individual y el estado de salud pueden cambiar completamente la respuesta.
Recomendaciones prácticas para el público general
Este estudio no justifica cambiar una dieta equilibrada únicamente para evitar la fiebre después de una vacuna. Tampoco demuestra que sea necesario eliminar la carne, los lácteos o todos los alimentos procesados.
Sí ofrece una razón adicional para priorizar una alimentación de buena calidad:
- Consumir más verduras, frutas, legumbres, frutos secos y cereales integrales.
- Incluir fuentes variadas de fibra, que sirven de alimento para muchas bacterias intestinales beneficiosas.
- Elegir alimentos poco procesados la mayor parte del tiempo.
- Limitar el consumo habitual de productos ultraprocesados ricos en grasas, azúcares, sal y aditivos.
- No interpretar la fiebre como una medida de la eficacia de una vacuna.
- Consultar con un profesional sanitario si la fiebre es muy elevada, persiste o aparece junto con síntomas preocupantes.
La idea práctica no es buscar una “dieta anti vacunas” ni una alimentación perfecta. Es construir un patrón alimentario saludable de forma sostenida.
Recomendaciones para profesionales de la salud
Los profesionales pueden considerar la alimentación y la salud intestinal como parte del contexto general del paciente, pero no deben utilizar este estudio para recomendar dietas restrictivas con el objetivo específico de evitar la fiebre tras la vacunación.
También es importante explicar que:
- La fiebre y la producción de anticuerpos son respuestas diferentes.
- La asociación observada no demuestra causalidad.
- Los patrones dietéticos globales probablemente sean más importantes que un alimento o aditivo aislado.
- Se necesitan ensayos clínicos que evalúen si una intervención dietética modifica realmente la respuesta febril a la vacunación.
Conclusión
El estudio sugiere que la dieta habitual, la microbiota intestinal y la producción bacteriana de flagelina podrían estar relacionadas con la intensidad de la fiebre después de la vacunación. Las personas que seguían una alimentación vegetal presentaron una menor elevación de la temperatura, mientras que quienes tuvieron fiebre alta mostraron señales asociadas con una dieta menos saludable, determinados perfiles metabólicos y una microbiota rica en señales relacionadas con flagelina.
Pero la evidencia todavía no permite afirmar que cambiar la dieta reduzca la fiebre tras una vacuna. La conclusión más prudente es otra: mantener una alimentación variada, rica en fibra y basada principalmente en alimentos poco procesados puede favorecer la salud metabólica y del intestino, aunque sus efectos concretos sobre las reacciones vacunales aún deben investigarse.
Preguntas frecuentes:
¿Una dieta vegetariana evita la fiebre después de vacunarse?
No se ha demostrado. El estudio encontró una asociación entre alimentación vegetal y menor fiebre, pero no probó que la dieta fuera la causa directa.
¿Tener fiebre significa que la vacuna funciona mejor?
No necesariamente. En este estudio, los niveles de anticuerpos fueron similares entre los grupos dietéticos pese a las diferencias en temperatura.
¿Los alimentos ultra procesados pueden afectar a la microbiota?
El estudio plantea esa posibilidad y observó en laboratorio que el CMC podía modificar el crecimiento bacteriano y aumentar la producción de flagelina. Sin embargo, todavía se necesitan estudios en humanos para conocer la relevancia práctica de este hallazgo.
¿Hay que eliminar todos los aditivos alimentarios?
No. Este estudio no justifica eliminar de forma general todos los aditivos. La recomendación más razonable es limitar el consumo habitual de alimentos ultraprocesados y priorizar alimentos frescos o mínimamente procesados.
Bibliografía
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Fecha de actualización: 15 de octubre de 2026.
Responsable Editorial: Juan Mesa.







