Cuando una persona vive con diabetes tipo 2 y obesidad, mejorar la salud no depende únicamente de perder peso. También es importante controlar la glucosa, la presión arterial, el colesterol, la grasa corporal y la capacidad del corazón y los pulmones para responder al esfuerzo.
A esta combinación de diabetes tipo 2 y exceso de adiposidad se la denomina a veces “diabesity” o diabesidad. El término resume un problema frecuente: ambas condiciones suelen alimentarse mutuamente y aumentan el riesgo cardiovascular y metabólico. Entre los cambios asociados se encuentran la resistencia a la insulina, la hipertensión, las alteraciones del colesterol y una mayor acumulación de grasa abdominal.
Ante este escenario, muchas personas se preguntan: ¿es mejor caminar, montar en bicicleta o hacer ejercicio aeróbico, o conviene levantar pesas y desarrollar músculo?
Una revisión sistemática y metaanálisis reciente comparó directamente ambas modalidades en adultos con diabetes tipo 2 y exceso de peso. La conclusión general fue que no existe un único ganador para todos los objetivos: el ejercicio aeróbico pareció destacar en el control de la glucosa y la condición cardiorrespiratoria, mientras que el entrenamiento de fuerza mostró ventajas más claras sobre la composición corporal.
¿Qué investigó el estudio?
El objetivo fue comparar los efectos del ejercicio aeróbico frente al entrenamiento de resistencia o fuerza en personas adultas que presentaban simultáneamente:
- Diabetes tipo 2.
- Obesidad o exceso de adiposidad.
- Necesidad de mejorar distintos indicadores de salud cardiometabólica.
El ejercicio aeróbico incluye actividades que elevan de forma sostenida la frecuencia cardíaca, como caminar a paso rápido, correr, nadar, bailar o utilizar una bicicleta.
El entrenamiento de fuerza, por su parte, consiste en trabajar los músculos contra una resistencia: pesas, máquinas, bandas elásticas o incluso el propio peso corporal.
Una forma sencilla de entender la diferencia es imaginar el cuerpo como un automóvil:
- El ejercicio aeróbico ayuda a mejorar el “motor” y la capacidad del vehículo para recorrer distancias.
- El entrenamiento de fuerza fortalece el “chasis”, aumenta la capacidad de carga y ayuda a conservar estructuras importantes, como la masa muscular.
¿Cómo se realizó la investigación?
Los autores llevaron a cabo una revisión sistemática y metaanálisis de ensayos clínicos aleatorizados. Esto significa que buscaron estudios en los que los participantes fueran asignados a diferentes grupos de ejercicio, reduciendo la posibilidad de que las diferencias observadas se debieran únicamente a preferencias o características iniciales de los participantes.
La búsqueda se realizó en varias bases de datos científicas, entre ellas PubMed, Web of Science, Scopus, ScienceDirect, Cochrane Library y Google Scholar. El protocolo se registró previamente y el trabajo siguió las recomendaciones PRISMA, una guía utilizada para informar de forma transparente las revisiones sistemáticas.
Inicialmente se identificaron 25.107 registros. Después de eliminar duplicados y aplicar los criterios de selección, se incluyeron 23 estudios, con un total de 1.184 participantes:
- 582 realizaron ejercicio aeróbico.
- 602 realizaron entrenamiento de fuerza.
- La edad de los participantes osciló entre 39 y 70 años.
- El índice de masa corporal medio fue de aproximadamente 32,1 kg/m².
Los investigadores analizaron diferentes resultados:
- Peso corporal e índice de masa corporal.
- Grasa corporal.
- Masa libre de grasa, que incluye principalmente músculo, agua y otros tejidos.
- Glucosa en ayunas.
- Insulina.
- Hemoglobina glucosilada, conocida como HbA1c.
- Colesterol y otros lípidos.
- Presión arterial.
- Capacidad cardiorrespiratoria.
La principal ventaja metodológica fue que el análisis comparó directamente ejercicio aeróbico y fuerza, en lugar de intentar comparar indirectamente estudios muy diferentes.
Principales resultados: ¿qué tipo de ejercicio obtuvo mejores resultados?
1. El ejercicio aeróbico destacó en la glucosa y la capacidad física
En términos generales, el ejercicio aeróbico mostró mejores resultados en la glucemia en ayunas y en la capacidad cardiorrespiratoria.
La glucemia en ayunas es la cantidad de glucosa que circula en la sangre después de un periodo sin comer. Cuando permanece elevada, indica que el organismo tiene dificultades para regular el azúcar sanguíneo.
La capacidad cardiorrespiratoria, por su parte, refleja la habilidad del corazón, los pulmones y los músculos para utilizar oxígeno durante el ejercicio. Mejorarla puede facilitar actividades cotidianas como subir escaleras, caminar varias calles o cargar las bolsas de la compra.
Esto no significa que el entrenamiento de fuerza no ayude a controlar la glucosa. Los músculos son uno de los principales tejidos que captan glucosa de la sangre, especialmente durante y después de la actividad física. Sin embargo, en esta comparación, el ejercicio aeróbico pareció ofrecer una ventaja mayor para algunos indicadores relacionados con la glucemia y la resistencia física.
2. El entrenamiento de fuerza favoreció más la composición corporal
El entrenamiento de resistencia mostró mejores resultados en varios aspectos de la composición corporal, especialmente en la relación entre grasa y masa muscular.
Esto es relevante porque la báscula no cuenta toda la historia. Dos personas pueden pesar lo mismo, pero tener proporciones muy diferentes de grasa y músculo.
Por ejemplo, una persona puede perder peso principalmente a costa de músculo, mientras que otra puede reducir grasa y conservar o aumentar su masa muscular. Desde el punto de vista de la salud metabólica y funcional, preservar el músculo es especialmente importante durante la pérdida de peso.
El tejido muscular actúa como una especie de “almacén” de glucosa y contribuye a mantener la fuerza, el equilibrio y la autonomía. Esto puede ser particularmente importante en personas con diabetes tipo 2, ya que esta enfermedad se ha relacionado con cambios negativos en la masa y función muscular.
3. No hubo un vencedor absoluto para todos los indicadores
La revisión no sugiere que una modalidad sea universalmente superior. Los resultados fueron más bien específicos según el objetivo:
- Para mejorar la condición cardiorrespiratoria: el ejercicio aeróbico parece especialmente útil.
- Para favorecer la glucemia en ayunas: el ejercicio aeróbico mostró una ventaja.
- Para trabajar la composición corporal y conservar músculo: el entrenamiento de fuerza parece especialmente relevante.
- Para una estrategia completa: combinar ambas modalidades podría ser una opción razonable, siempre adaptada a la capacidad y preferencias de cada persona.
Es importante señalar que el artículo no proporciona los tamaños exactos del efecto para cada resultado. Por tanto, no puede afirmarse que las diferencias entre modalidades sean necesariamente grandes o que se traduzcan de forma automática en cambios clínicos importantes para todas las personas.
¿Qué fortalezas tiene este metaanálisis?
El estudio presenta varios puntos positivos.
Incluyó solo ensayos clínicos aleatorizados
Este diseño permite realizar comparaciones más fiables que los estudios observacionales. En un estudio observacional, por ejemplo, las personas que hacen ejercicio pueden tener también una alimentación más saludable o acudir con mayor frecuencia al médico. En un ensayo aleatorizado, la asignación a los grupos ayuda a reducir parte de esas diferencias.
Se centró en una población clínicamente relevante
La revisión no mezcló indiscriminadamente a personas sanas con atletas o con pacientes que solo tenían obesidad. Se enfocó en adultos con la combinación de diabetes tipo 2 y exceso de adiposidad, que es precisamente el grupo en el que se necesita tomar decisiones prácticas sobre ejercicio.
Analizó varios niveles de salud
Los autores no se limitaron al peso corporal. También consideraron glucosa, lípidos, presión arterial, grasa corporal y capacidad física. Esto es importante porque la salud cardiometabólica no puede resumirse en un único número.
Evaluó el posible sesgo de publicación
Los investigadores analizaron si los estudios con resultados positivos tenían más probabilidades de publicarse que aquellos con resultados neutros. No observaron pruebas estadísticas claras de un sesgo de publicación importante en la mayoría de los resultados examinados.

Limitaciones y posibles sesgos
Aunque el estudio aporta información útil, sus resultados deben interpretarse con prudencia.
Los estudios eran probablemente diferentes entre sí
Los programas de ejercicio pueden variar en duración, frecuencia, intensidad, supervisión y tipo de actividad. No es lo mismo caminar 30 minutos tres veces por semana que realizar sesiones estructuradas de intervalos o entrenar con máquinas de fuerza.
Cuando se combinan estudios con programas diferentes, el resultado promedio puede ocultar qué tipo de ejercicio funciona mejor, para quién y en qué condiciones.
El número total de estudios sigue siendo limitado
Solo se incluyeron 23 estudios y 1.184 participantes. Para algunos resultados, el número de investigaciones disponibles fue aún menor. Por ejemplo, el análisis de insulina en ayunas incluyó únicamente seis estudios, por lo que sus conclusiones deben considerarse especialmente cautelosas.
No siempre es posible separar el efecto del ejercicio de otros factores
Los participantes también pueden haber cambiado su alimentación, medicación, sueño o nivel de actividad diaria. Además, los estudios pueden haber utilizado diferentes tratamientos médicos para la diabetes.
Los resultados promedio no sustituyen la individualización
Una persona con neuropatía, enfermedad cardiovascular, dolor articular, limitaciones de movilidad o glucemias inestables puede necesitar un programa distinto al de otra persona con mayor capacidad funcional.
¿Qué significa esto para las personas con diabetes y obesidad?
La principal lección es que no es necesario elegir entre “cardio” o “pesas” como si fueran opciones incompatibles.
Una estrategia práctica podría incluir:
- Actividad aeróbica regular, como caminar a paso ligero, nadar, bailar o montar en bicicleta.
- Entrenamiento de fuerza, adaptado a la experiencia y a las limitaciones físicas.
- Progresión gradual, aumentando poco a poco el tiempo, la frecuencia o la resistencia.
- Control de la glucosa, especialmente si se utilizan medicamentos que pueden causar hipoglucemia.
- Alimentación saludable, con predominio de verduras, legumbres, frutas enteras, cereales integrales, frutos secos, proteínas de calidad y grasas insaturadas.
- Seguimiento profesional, especialmente al iniciar un programa de ejercicio.
Para algunas personas, caminar después de las comidas puede ser una forma sencilla de incorporar actividad. Para otras, dos o tres sesiones semanales de fuerza con bandas elásticas o ejercicios con el peso corporal pueden ser un buen punto de partida.
Recomendaciones para profesionales de la salud
Los resultados respaldan un enfoque personalizado y combinado:
- Priorizar el ejercicio aeróbico cuando el objetivo principal sea mejorar la capacidad cardiorrespiratoria o determinados parámetros glucémicos.
- Incorporar fuerza para preservar músculo y mejorar la composición corporal.
- Evaluar edad, medicación, riesgo cardiovascular, movilidad, dolor, neuropatía y preferencias personales.
- Evitar presentar el peso corporal como único indicador de éxito.
- Medir resultados clínicamente relevantes, como HbA1c, glucosa, presión arterial, fuerza, capacidad funcional y calidad de vida.
- Coordinar el ejercicio con la intervención nutricional y el tratamiento médico.
La adherencia debe ser una prioridad. Un programa ligeramente menos intenso, pero sostenible durante meses, puede ser más útil que un plan perfecto que la persona abandona después de pocas semanas.
Conclusión: el mejor ejercicio es el que responde al objetivo y se puede mantener
Este metaanálisis indica que el ejercicio aeróbico puede ofrecer ventajas para la glucemia en ayunas y la capacidad cardiorrespiratoria, mientras que el entrenamiento de fuerza parece especialmente valioso para la composición corporal y la conservación de la masa muscular.
La respuesta más útil para la mayoría de las personas no es escoger un único ganador, sino construir un programa que combine ambas modalidades de forma segura y progresiva. En el tratamiento de la diabetes tipo 2 y la obesidad, el ejercicio funciona mejor cuando se integra con una alimentación adecuada, medicación cuando sea necesaria, buen descanso y seguimiento sanitario.
Preguntas frecuentes:
¿Es mejor caminar o levantar pesas si tengo diabetes tipo 2?
Ambas opciones pueden ser útiles. Caminar y otras actividades aeróbicas pueden favorecer la glucosa y la resistencia física; las pesas ayudan a conservar músculo y mejorar la composición corporal.
¿El entrenamiento de fuerza puede mejorar la glucosa?
Sí. Los músculos utilizan glucosa durante la actividad y el entrenamiento de fuerza puede contribuir a mejorar la sensibilidad a la insulina. Sin embargo, los resultados de este metaanálisis favorecieron al ejercicio aeróbico para algunos indicadores glucémicos.
¿Hay que perder peso para mejorar la diabetes?
No necesariamente. La actividad física puede mejorar la glucosa, la fuerza, la presión arterial y la capacidad funcional incluso cuando el peso cambia poco. Por eso conviene valorar varios indicadores de salud.
¿Puedo empezar a hacer ejercicio sin consultar?
Si tienes diabetes, enfermedad cardiovascular, síntomas importantes, complicaciones o llevas mucho tiempo inactivo, es recomendable consultar con un profesional antes de comenzar o aumentar la intensidad del ejercicio.
Bibliografía
- Al-Mhanna, S. B., Franklin, B. A., Papadakis, Z., Phillips, S. M., Jakicic, J. M., Stamatakis, E., Schoenfeld, B. J., Li, Y., Pescatello, L. S., Riebe, D., Thompson, W. R., Yin, M., Alkhamees, N. H., Sheeha, B. B., Omar, N., Ibrahim, A., Noh, A. S. M., Lukman, Y., Shah, M. S. M., & Batrakoulis, A. (2026). Comparative Effectiveness of Aerobic Exercise versus Resistance Training on Cardiometabolic Health in Patients with Diabesity: A Systematic Review and Meta-Analysis of Randomized Controlled Trials. Journal of Sports Science and Medicine, 637–655. https://doi.org/10.52082/jssm.2026.637.
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Fecha de actualización: 15 de octubre de 2026.
Responsable Editorial: Juan Mesa.







