La actividad física también forma parte del tratamiento
Cuando una persona vive con diabetes, enfermedad cardiovascular, dolor crónico, obesidad, artritis u otras enfermedades de larga duración, la actividad física puede ser un componente importante de su cuidado. Sin embargo, decir simplemente “haga más ejercicio” no siempre es suficiente.
Muchas personas encuentran obstáculos reales: dolor, cansancio, miedo a lesionarse, falta de tiempo, inseguridad o la sensación de que deben entrenar intensamente para obtener beneficios. Por eso, la forma en que los profesionales de la salud hablan sobre actividad física puede influir en que el paciente se sienta capaz —o, por el contrario, desanimado—.
El artículo “Communicating With Patients About Physical Activity”, publicado en JAMA, propone maneras prácticas de conversar con personas que tienen enfermedades crónicas y desean, o necesitan, ser más activas. Su mensaje central es sencillo: la actividad física debe adaptarse a la situación, las preferencias y las posibilidades de cada persona. No existe una única forma correcta de moverse.
Idea clave: no es necesario pasar de una vida sedentaria a entrenar como un atleta. Para muchas personas, el primer paso puede ser caminar unos minutos más al día, levantarse con mayor frecuencia o incorporar movimiento a tareas cotidianas.
En una entrada anterior hablamos sobre el mejor tipo de ejercicio para pacientes con diabetes y obesidad (diabesidad). Puedes leerlo aquí.
¿Qué analizó el artículo?
Este trabajo no es un ensayo clínico centrado en una dieta ni un metaanálisis nutricional. Es una revisión clínica y educativa sobre cómo los profesionales pueden comunicarse con los pacientes para promover la actividad física. Presenta recomendaciones prácticas apoyadas en investigaciones previas sobre ejercicio, establecimiento de objetivos, autorregistro, dispositivos portátiles y apoyo social.
El artículo considera especialmente a las personas con enfermedades crónicas o con limitaciones que dificultan sus actividades diarias. En este grupo, la actividad física puede tener que comenzar con esfuerzos pequeños y progresivos, en lugar de seguir de inmediato programas exigentes.
La propuesta puede resumirse en cuatro preguntas:
- ¿Qué impide a la persona moverse más?
- ¿Qué tipo de actividad le resulta realista y agradable?
- ¿Cómo puede comenzar de manera segura y gradual?
- Qué apoyo puede ayudarle a mantener el cambio?
Este enfoque se parece más a ajustar unos zapatos que a entregar una talla única. Un plan puede funcionar muy bien para una persona, pero ser impracticable para otra.
¿Cómo debería hablar un profesional sobre ejercicio?
1. Empezar por las barreras, no por las órdenes
Una conversación eficaz no debería limitarse a decir “tiene que hacer ejercicio”. Primero conviene comprender qué dificulta el movimiento.
Por ejemplo:
- Una persona con dolor de rodilla puede temer que caminar empeore sus síntomas.
- Alguien con fatiga puede pensar que no tiene energía suficiente para realizar actividad física.
- Una persona con horarios laborales cambiantes puede no encontrar un momento fijo para entrenar.
- Alguien que nunca ha hecho ejercicio puede sentirse intimidado por un gimnasio.
Reconocer estas dificultades no significa justificar la inactividad. Significa encontrar una solución realista. Los autores recomiendan tranquilizar a los pacientes y ofrecer instrucciones simples: empezar con poco, buscar un esfuerzo moderado y tolerable, y recordar que cualquier movimiento cuenta.
2. Explicar que “algo es mejor que nada”
Para una persona inactiva, comenzar con cinco o diez minutos puede parecer insignificante. Sin embargo, ese tiempo puede convertirse en la primera pieza de un hábito.
Una analogía útil es la de una cuenta bancaria: no hace falta depositar una gran cantidad de dinero de una sola vez para comenzar a ahorrar. Pequeños depósitos regulares también cuentan. Del mismo modo, varios periodos breves de movimiento pueden acumularse a lo largo del día.
El artículo destaca que las actividades pueden integrarse en la vida cotidiana. Caminar para hacer un recado, subir algunos escalones, trabajar en el jardín o levantarse periódicamente durante la jornada son formas de reducir el tiempo sedentario y aumentar el movimiento diario.
3. Buscar una intensidad “algo difícil, pero tolerable”
El objetivo inicial no tiene que ser terminar exhausto. El artículo propone una intensidad que se perciba como algo exigente, pero tolerable, y que pueda reducirse si aparece incomodidad.
En términos cotidianos, la persona podría notar que respira más rápido, pero todavía puede mantener una conversación breve. Si el esfuerzo provoca dolor intenso, mareo, falta de aire desproporcionada u otros síntomas preocupantes, debe detenerse y consultar con un profesional.
La intensidad adecuada depende de la salud, la edad, la condición física y el tipo de actividad. Por eso, las recomendaciones deben individualizarse.
¿Qué estrategias pueden ayudar a mantener el cambio?
Registrar la actividad física
Anotar los pasos, los minutos activos o las sesiones de ejercicio puede ayudar a la persona a reconocer sus avances. Este registro funciona como un espejo: permite observar lo que realmente ocurre, en lugar de depender únicamente de la memoria.
Una revisión sistemática y un metaanálisis de 89 intervenciones, con 19.212 participantes, identificaron el autorregistro y el establecimiento de objetivos conductuales como técnicas asociadas con mejoras en la disposición a ser más activos. Los tamaños del efecto fueron pequeños a moderados, con valores de d=0,12 a d=0,46.
Los dispositivos portátiles, como relojes inteligentes o pulseras de actividad, pueden facilitar este seguimiento porque ofrecen información inmediata. No obstante, la tecnología debe ser una ayuda y no una fuente de presión o culpa.
Establecer objetivos concretos y alcanzables
“Quiero estar más activo” es una intención positiva, pero demasiado general. Un objetivo más útil sería:
- Caminar 10 minutos después de la comida, cuatro días esta semana.
- Levantarse del escritorio cada hora.
- Realizar ejercicios suaves de fuerza dos veces por semana.
- Aumentar gradualmente el número de pasos diarios.
La clave es que el objetivo se centre en una conducta que la persona pueda controlar, no únicamente en el peso, la presión arterial o la apariencia física.
Utilizar grupos y apoyo social
El acompañamiento puede marcar una diferencia importante. Caminar con un amigo, participar en una clase comunitaria o incorporarse a un grupo de ejercicio puede aportar motivación y responsabilidad compartida.
El artículo menciona la llamada prescripción social, mediante la cual los profesionales conectan a sus pacientes con recursos de la comunidad, como grupos de caminata, clases de ejercicio o clubes deportivos.
En un ensayo factorial con 309 adultos mayores que realizaban menos actividad de la recomendada, todos los participantes recibieron un programa de ejercicio y un dispositivo portátil. Quienes además tuvieron la oportunidad de compartir y aprender con otros compañeros mostraron más actividad física a los 12 meses que el grupo de comparación: 195 frente a 168 minutos diarios, con una diferencia ajustada de 27,5 minutos por día.
En cambio, establecer objetivos junto con un dispositivo, pero sin el componente de interacción entre pares, no aumentó la actividad física a los 12 meses en ese estudio.

¿Qué resultados respaldan estas recomendaciones?
El artículo reúne varios tipos de evidencia:
Ejercicio personalizado y autocuidado
Un ensayo con 228 adultos que tenían al menos dos enfermedades crónicas y limitaciones para sus actividades diarias encontró que quienes recibieron 12 semanas de terapia de ejercicio personalizada y apoyo para el autocuidado presentaron una mejor calidad de vida al año que quienes recibieron la atención habitual.
Este hallazgo sugiere que el ejercicio puede ser más útil cuando se acompaña de orientación práctica. No se trata únicamente de entregar una lista de ejercicios, sino de ayudar a la persona a incorporarlos a su vida.
Dispositivos y retroalimentación
Una revisión sistemática de 121 ensayos clínicos aleatorizados, que incluyó a 16.473 participantes, concluyó que las intervenciones con dispositivos portátiles y retroalimentación aumentaron la actividad física general en aproximadamente 1.235 pasos diarios. También produjeron un incremento de 48,5 minutos semanales de actividad moderada o vigorosa durante 12 semanas.
Estos resultados son prometedores, aunque no significan que un reloj inteligente funcione por sí solo. La tecnología parece ser más útil cuando se combina con objetivos, seguimiento y orientación.
Análisis crítico: fortalezas y limitaciones
Fortalezas
Una de las principales fortalezas del artículo es que presenta la actividad física como una herramienta flexible, no como una obligación idéntica para todos. Esta perspectiva es especialmente importante en personas con dolor, discapacidad, cansancio o varias enfermedades simultáneas.
También integra distintas estrategias de cambio de conducta:
- Autorregistro.
- Objetivos realistas.
- Retroalimentación inmediata.
- Apoyo social.
- Adaptación a las preferencias individuales.
- Incorporación del movimiento a la vida diaria.
Además, no se basa en un único estudio. Utiliza resultados de ensayos clínicos y revisiones sistemáticas que evalúan diferentes formas de aumentar la actividad física.
Limitaciones
El texto es una revisión y no presenta un protocolo de revisión sistemática propio en la información disponible. Por ello, no es posible evaluar con detalle aspectos como las bases de datos consultadas, los criterios completos de inclusión o la posibilidad de que se hayan omitido estudios relevantes.
Asimismo, los resultados de las intervenciones pueden variar según:
- La edad y el estado de salud de los participantes.
- El tipo de enfermedad crónica.
- El acceso a dispositivos tecnológicos.
- La duración del seguimiento.
- La disponibilidad de apoyo social.
- La capacidad de mantener el cambio a largo plazo.
Los aumentos observados en pasos o minutos de actividad son importantes, pero no garantizan que todas las personas obtengan los mismos beneficios. Tampoco permiten afirmar que un dispositivo portátil sea indispensable para empezar a moverse.
Por último, la comunicación clínica es solo una parte del problema. Un paciente puede estar motivado y, aun así, enfrentarse a barreras como dolor, inseguridad, falta de espacios adecuados, problemas económicos o ausencia de tiempo. Las recomendaciones individuales deben acompañarse, cuando sea posible, de servicios comunitarios accesibles.
Recomendaciones prácticas para la población general
Si desea aumentar su actividad física, puede comenzar con estos pasos:
- Elija una actividad que pueda mantener. Caminar, bailar, montar bicicleta, nadar o realizar tareas domésticas también pueden formar parte de una vida activa.
- Empiece con poco. Unos minutos son preferibles a esperar el momento perfecto para hacer una sesión larga.
- Use objetivos concretos. Defina qué hará, durante cuánto tiempo y en qué momento del día.
- Observe sus avances. Puede utilizar un cuaderno, el teléfono móvil o un dispositivo portátil.
- Busque compañía. Un amigo, familiar o grupo comunitario puede facilitar la constancia.
- Adapte la intensidad. El esfuerzo debe ser manejable y ajustarse a su estado de salud.
- Consulte si tiene dudas. Si padece una enfermedad crónica, dolor importante o síntomas nuevos, solicite orientación profesional antes de aumentar considerablemente la intensidad.
La meta no es alcanzar la perfección. Es construir una rutina que pueda repetirse.
Recomendaciones para profesionales de la salud
Los profesionales pueden mejorar sus conversaciones sobre actividad física si:
- Preguntan primero por las barreras y preferencias del paciente.
- Evitan mensajes culpabilizadores.
- Presentan el movimiento como parte del cuidado, no como un examen que el paciente puede aprobar o suspender.
- Proponen objetivos pequeños y observables.
- Recomiendan registrar la actividad cuando sea apropiado.
- Consideran el uso de dispositivos portátiles, sin asumir que todos tienen acceso o interés en ellos.
- Conectan a los pacientes con grupos de caminata, clases y otros recursos comunitarios.
- Revisan los avances y ajustan el plan en consultas posteriores.
Conclusión
El mensaje principal del artículo es que hablar de actividad física requiere algo más que recomendar “hacer ejercicio”. Los pacientes necesitan orientación concreta, objetivos posibles y apoyo para superar las barreras de su vida diaria.
La evidencia revisada indica que el autorregistro, los objetivos conductuales, la retroalimentación de dispositivos y el apoyo entre pares pueden favorecer el aumento de la actividad física. Sin embargo, ninguna herramienta sustituye a un plan individualizado y comprensible.
Para la población general, el mejor punto de partida puede ser sencillo: moverse un poco más, comenzar de forma gradual y elegir actividades que encajen en la vida real. Para los profesionales, cada conversación puede ser una oportunidad para devolver al paciente una sensación importante: la de que todavía tiene capacidad de actuar sobre su salud.
Preguntas frecuentes
¿Es necesario ir al gimnasio para estar físicamente activo?
No. Caminar, desplazarse en bicicleta, bailar, trabajar en el jardín o incorporar movimiento a las tareas diarias también son opciones válidas. El artículo subraya que cualquier movimiento cuenta.
¿Un reloj inteligente garantiza que haré más ejercicio?
No. Los dispositivos pueden ayudar a registrar la actividad y ofrecer retroalimentación, pero suelen ser más útiles cuando se combinan con objetivos claros y apoyo adecuado.
¿Qué debo hacer si tengo dolor o una enfermedad crónica?
Conviene comenzar con una intensidad manejable y consultar con un profesional de la salud para adaptar la actividad a su situación. Las recomendaciones deben considerar sus síntomas, capacidades, preferencias y valores.
¿Cuál es el mejor ejercicio?
El más adecuado suele ser el que puede realizarse con seguridad y mantenerse en el tiempo. La elección debe adaptarse a la salud, las preferencias y la vida cotidiana de cada persona.
Bibliografía
- Midtgaard, J., Skou, S. T., & Bricca, A. (2026). Communicating With Patients About Physical Activity. JAMA, 336(14), 1272–1273. https://doi.org/10.1001/jama.2026.6083.
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Fecha de actualización: 16 de octubre de 2026.
Responsable Editorial: Juan Mesa.







