Comer no solo aporta energía, también protege el corazón
Las enfermedades cardiovasculares —como el infarto, el accidente cerebrovascular y la insuficiencia cardíaca— no dependen de un único factor. La presión arterial, el colesterol, la diabetes, el exceso de peso, la actividad física, el estrés y la alimentación forman parte de una red de causas que aumentan el riesgo cardiovascular.
En este contexto, el American College of Cardiology (ACC) publicó una declaración científica sobre el papel de la nutrición en la prevención y el tratamiento de las enfermedades cardiovasculares. El documento no presenta una “dieta milagro”, sino que resume la evidencia disponible y propone formas de integrar la alimentación en la práctica clínica. Según sus autores, la nutrición es fundamental para prevenir y controlar las enfermedades cardiovasculares, pero todavía se utiliza menos de lo necesario en los servicios de salud.
Una manera sencilla de entenderlo es imaginar que el corazón y los vasos sanguíneos son como una red de carreteras. La dieta no determina por sí sola si habrá problemas de tráfico, pero sí puede influir en la calidad del pavimento, la cantidad de obstáculos y la velocidad a la que se deteriora el sistema.
¿Qué tipo de documento es y cómo se elaboró?
Este trabajo es una declaración científica del ACC, no un ensayo clínico en el que se haya asignado una dieta concreta a un grupo de participantes. Su objetivo es revisar e integrar los conocimientos disponibles para orientar a profesionales y pacientes.
El documento considera diferentes tipos de evidencia:
- Ensayos clínicos aleatorizados.
- Estudios prospectivos de cohortes.
- Estudios de alimentación controlada.
- Ensayos pragmáticos, realizados en condiciones más parecidas a la vida real.
- Estudios mecanísticos, que exploran cómo podría actuar un alimento o patrón dietético en el organismo.
- Métodos recientes de inferencia causal.
Los ensayos clínicos son especialmente útiles para determinar si una intervención causa un efecto. Sin embargo, en nutrición suelen ser difíciles y costosos de realizar durante muchos años. Además, a diferencia de un medicamento, una dieta no puede compararse fácilmente con un “placebo perfecto”: cuando una persona aumenta un alimento, normalmente reduce o sustituye otro.
Por ejemplo, decir “aumentar el consumo de frutos secos” no describe toda la intervención. En la práctica, esos frutos secos podrían reemplazar galletas, carne procesada, papas fritas o simplemente añadirse a la dieta habitual. El resultado podría cambiar según cuál sea el alimento sustituido.
Por eso, las recomendaciones nutricionales se basan en el conjunto de la evidencia y no en un único estudio aislado.
Principales recomendaciones de nutrición para cuidar el corazón
1. Sustituir grasas saturadas por grasas insaturadas
Una de las recomendaciones centrales es reemplazar las grasas saturadas por grasas insaturadas. Las primeras se encuentran, por ejemplo, en alimentos como la mantequilla y otros productos de origen animal; las segundas están presentes en alimentos como el aceite de oliva, los frutos secos, las semillas y determinados pescados.
La idea no es simplemente “comer menos grasa”, sino prestar atención a qué tipo de grasa ocupa su lugar. Cambiar mantequilla por aceite de oliva no es igual que sustituirla por un producto ultraprocesado rico en azúcares y harinas refinadas.
En términos cotidianos, no basta con quitar una pieza del rompecabezas: también importa cuál se coloca en su lugar. La declaración del ACC identifica la sustitución de grasas saturadas por grasas insaturadas como una estrategia respaldada por la evidencia para la salud cardiovascular.
2. Aumentar los alimentos vegetales ricos en fibra
El documento destaca el consumo de alimentos vegetales ricos en fibra, entre ellos:
- Cereales integrales.
- Legumbres.
- Frutos secos.
- Semillas.
- Otros alimentos vegetales mínimamente procesados.
La fibra puede encontrarse en alimentos como la avena, las lentejas, los garbanzos, las frutas, las verduras y los panes integrales. Además de contribuir a la saciedad, estos alimentos aportan vitaminas, minerales y otros componentes beneficiosos.
Una recomendación práctica sería intentar que las legumbres aparezcan varias veces por semana, elegir cereales integrales cuando sea posible y añadir frutos secos o semillas sin exceso de sal a algunas comidas. La declaración científica relaciona estos patrones de alimentación con beneficios cardiovasculares.
3. Reducir el sodio
El exceso de sodio se relaciona especialmente con la presión arterial elevada, uno de los principales factores de riesgo cardiovascular. Reducirlo no consiste únicamente en usar menos el salero: gran parte del sodio puede proceder de alimentos ultra procesados, comidas preparadas, embutidos, salsas y aperitivos salados.
Una forma útil de aplicarlo es revisar las etiquetas y comparar productos similares. También ayuda cocinar más a menudo con alimentos frescos y utilizar hierbas, especias, ajo, cebolla, limón o vinagre para aportar sabor.
El ACC incluye la reducción del sodio entre las estrategias dietéticas importantes para prevenir y controlar la enfermedad cardiovascular.
4. Limitar los ultraprocesados, especialmente las bebidas azucaradas y las carnes procesadas
La declaración recomienda reducir el consumo de alimentos ultraprocesados, poniendo especial énfasis en las bebidas azucaradas y las carnes procesadas.
Esto no significa que una persona deba sentirse culpable por comer ocasionalmente un producto envasado. La cuestión es qué lugar ocupa dentro del patrón habitual. Cuando las bebidas azucaradas, los snacks salados, los dulces o las carnes procesadas aparecen a diario, pueden desplazar alimentos más nutritivos.
Un cambio sencillo puede ser sustituir progresivamente:
- Refrescos azucarados por agua o bebidas sin azúcar añadido.
- Embutidos frecuentes por legumbres, pescado, huevos o aves sin procesar.
- Aperitivos salados por fruta, yogur natural o frutos secos sin sal.
- Cereales azucarados por avena u opciones con menos azúcares añadidos.
La clave no es buscar una alimentación perfecta, sino mejorar el promedio de las elecciones cotidianas.
5. Elegir fuentes saludables de proteínas
Las proteínas pueden proceder de alimentos muy diferentes. El documento recomienda prestar atención a la calidad de sus fuentes dentro de un patrón alimentario saludable. Entre las opciones que pueden formar parte de una dieta cardioprotectora se encuentran las legumbres, los frutos secos, las semillas, el pescado y otros alimentos poco procesados.
En cambio, conviene limitar el protagonismo de las carnes procesadas, que el documento incluye entre los productos cuyo consumo debería reducirse.

¿Qué ocurre cuando una persona utiliza medicamentos GLP-1?
Los agonistas del receptor de GLP-1, conocidos como GLP-1, se utilizan en determinados contextos relacionados con la obesidad y la diabetes. Estos medicamentos pueden reducir la ingesta de energía y se asocian con pérdida de masa magra, es decir, tejidos como el músculo.
Por eso, la nutrición debe acompañar al tratamiento. Antes de iniciar estos medicamentos, los profesionales deberían revisar factores que aumentan el riesgo de desnutrición o pérdida excesiva de músculo, como:
- Edad avanzada.
- Inseguridad alimentaria.
- Trastornos de la conducta alimentaria.
- Baja masa muscular previa o sarcopenia relativa.
El documento señala que una ingesta adecuada de proteínas y el ejercicio de fuerza son importantes para ayudar a conservar la masa muscular y su función. También recomienda vigilar la calidad global de la dieta y el aporte de micronutrientes, especialmente durante una pérdida rápida de peso.
Entre las orientaciones nutricionales mencionadas se encuentran:
- Una ingesta de líquidos de aproximadamente 2 a 3 litros al día, o más cuando corresponda.
- Entre 60 y 75 gramos de proteína diarios como referencia práctica, con posibilidad de llegar hasta 1,5 gramos por kilogramo de peso corporal ideal según el caso.
- Al menos 21 gramos de fibra diarios para mujeres y 30 gramos para hombres.
- Mayor presencia de alimentos ricos en nutrientes.
- Menor consumo de carbohidratos refinados, azúcares añadidos, carnes procesadas y aperitivos salados.
Estas cifras no deben aplicarse automáticamente a todas las personas. Las necesidades pueden cambiar según la edad, la función renal, el nivel de actividad física, el estado nutricional y otras enfermedades. Por ello, quienes utilizan medicamentos GLP-1 deberían recibir orientación individualizada.
¿Cuáles son las fortalezas y limitaciones de la evidencia?
Fortalezas
Una de las principales fortalezas del documento es que no depende de una sola clase de investigación. Integra ensayos clínicos, estudios observacionales y datos mecanísticos. Esta combinación permite analizar tanto los efectos observados en personas como los posibles mecanismos biológicos.
También reconoce que la alimentación es compleja. Una dieta no es una cápsula con un único ingrediente, sino una combinación de alimentos que interactúan entre sí. Además, las personas no comen nutrientes aislados: comen platos, recetas y siguen patrones alimentarios.
Otro punto positivo es que el documento conecta la nutrición con problemas actuales, como la obesidad, la diabetes y la enfermedad renal crónica. Estas condiciones suelen estar relacionadas con el llamado síndrome cardiorrenometabólico, por lo que las recomendaciones deben contemplar el conjunto de la salud y no solo el colesterol o el peso.
Limitaciones
La principal limitación es que los estudios nutricionales a largo plazo son difíciles de realizar. Pueden ser muy caros, presentar problemas de adherencia y requerir métodos complejos.
Además, la alimentación está influida por factores que van más allá de la voluntad individual: el precio de los alimentos, su disponibilidad, el tiempo para cocinar, la educación nutricional y la seguridad alimentaria. Las condiciones sociales y ambientales pueden facilitar o dificultar una dieta saludable.
También existe una brecha entre saber qué comer y poder hacerlo. Por esta razón, el ACC reclama más investigación sobre estrategias que puedan aplicarse de manera realista, asequible y equitativa en distintos grupos de población.
¿Cómo llevar estas recomendaciones a la vida diaria?
Para el público general, una estrategia razonable sería:
- Basar la mayoría de las comidas en alimentos poco procesados.
- Incluir verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, frutos secos y semillas con frecuencia.
- Elegir grasas insaturadas en lugar de grasas saturadas cuando sea posible.
- Reducir bebidas azucaradas, carnes procesadas y aperitivos salados.
- Leer las etiquetas para comparar sodio, azúcares añadidos y grasas saturadas.
- Adaptar la alimentación a las posibilidades económicas y culturales de cada persona.
- Consultar con un profesional si existe enfermedad renal, diabetes, desnutrición, pérdida rápida de peso o tratamiento con GLP-1.
Para los profesionales de la salud, la declaración plantea la necesidad de integrar la evaluación y el asesoramiento nutricional en la atención habitual, ampliar el acceso a dietistas-nutricionistas y desarrollar estrategias aplicables a gran escala.
No se trata de entregar una lista genérica de alimentos “buenos” y “malos”, sino de ayudar a cada paciente a construir un patrón que pueda mantener a largo plazo.
Conclusión: la mejor dieta cardioprotectora es un patrón sostenible
La declaración científica del ACC confirma que una alimentación saludable sigue siendo uno de los pilares de la prevención y el tratamiento de las enfermedades cardiovasculares. La evidencia respalda un patrón basado en alimentos vegetales ricos en fibra, menor consumo de sodio y ultraprocesados, elección de fuentes saludables de proteínas y sustitución de grasas saturadas por grasas insaturadas.
La recomendación más importante no es perseguir una dieta perfecta, sino mejorar de forma constante la calidad de las elecciones. Para algunas personas, el primer paso será reducir los refrescos; para otras, cocinar más legumbres, sustituir la mantequilla por aceite de oliva o disminuir el consumo de embutidos.
La alimentación también debe coordinarse con los tratamientos médicos. En quienes utilizan medicamentos GLP-1, será especialmente importante proteger la masa muscular, cubrir las necesidades de proteínas y micronutrientes, y controlar los posibles efectos gastrointestinales con apoyo profesional.
En definitiva, cuidar el corazón no depende de un solo alimento, sino del patrón completo y de las condiciones que permiten mantenerlo en el tiempo.
Bibliografía
- Hu, F. B., Beleslin, B., Blaha, M. J., Kris-Etherton, P. M., Seligman, H. K., & Williams, K. A. (2026). Food and Health: Nutrition for Prevention and Management of Cardiovascular Disease: 2026 ACC Scientific Statement. JACC. https://doi.org/10.1016/j.jacc.2026.08.025.
Nota de Descargo de Responsabilidad: Este contenido es informativo y no reemplaza el consejo de profesionales de la salud. En caso de emergencia, comunícate con los servicios locales.
Fecha de Actualización: 5 de octubre de 2026.
Responsable Editorial: Juan Mesa.







