¿Por qué el ejercicio debe formar parte del tratamiento cardiovascular?
Cuando se habla de prevenir enfermedades del corazón, muchas personas piensan primero en medicamentos, colesterol o presión arterial. Sin embargo, la actividad física funciona como una especie de “medicina de uso diario”: puede mejorar la capacidad del organismo para realizar esfuerzos, favorecer la calidad de vida y reducir las hospitalizaciones en personas con enfermedad cardiovascular.
La declaración científica del American College of Cardiology (ACC) se creó porque, aunque médicos y pacientes reconocen los beneficios del ejercicio, llevar esas recomendaciones a la práctica sigue siendo difícil. No siempre se sabe cuánto ejercicio indicar, con qué intensidad empezar o cómo adaptar el plan a una persona con obesidad, insuficiencia cardíaca, edad avanzada o varias enfermedades crónicas.
Con anterioridad, hablamos sobre cómo hablar adecuadamente de actividad física en consulta con los pacientes. Puedes leer la entrada haciendo clic aquí.
El objetivo del documento es ofrecer una guía práctica para prescribir ejercicio de forma individualizada, incluyendo pruebas funcionales, rehabilitación cardíaca, dispositivos portátiles y programas realizados en casa.
¿Cómo se elaboró la evidencia?
Los autores reunieron publicaciones fundamentales, estudios clínicos y revisiones previas sobre actividad física, condición cardiorrespiratoria, obesidad, rehabilitación cardíaca y distintas enfermedades cardiovasculares. No se trata de un único ensayo clínico con una muestra concreta, sino de una síntesis científica y recomendaciones de consenso elaboradas por un comité de expertos.
Para organizar la prescripción se utiliza el principio FITT, una forma sencilla de recordar cuatro elementos:
- Frecuencia: cuántos días se realiza la actividad.
- Intensidad: cuánto esfuerzo requiere.
- Tiempo: cuánto dura cada sesión.
- Tipo: caminar, pedalear, nadar, hacer ejercicios de fuerza u otra modalidad.
Puede imaginarse como ajustar una receta de cocina. No basta con decir “coma saludable” o “haga ejercicio”; hay que definir la cantidad, la frecuencia y la forma de progresar según las características de cada persona.
Resultados principales: qué beneficios puede aportar el ejercicio
1. El ejercicio mejora la capacidad física incluso si el peso cambia poco
En adultos con sobrepeso u obesidad, el ejercicio suele mejorar la capacidad cardiorrespiratoria y la calidad de vida aunque la báscula no muestre una gran reducción. Esto es importante porque el peso es solo una parte de la salud: también cuentan la fuerza, la resistencia, la presión arterial, el control de la glucosa y la capacidad para desenvolverse en la vida diaria.
Una analogía útil es la de un automóvil. Aunque el vehículo no pierda peso, puede recibir mejoras en su motor, consumir combustible de manera más eficiente y responder mejor en una subida. De forma parecida, el organismo puede funcionar mejor gracias al ejercicio aunque el descenso de peso sea modesto.
2. Para perder peso, la combinación de ejercicio y alimentación es más eficaz
La evidencia revisada indica que la pérdida de peso se maximiza cuando el ejercicio se combina con una intervención dietética. El ejercicio aeróbico por sí solo no siempre produce una reducción importante y sostenida del peso en personas con obesidad, pero puede potenciar los resultados de una alimentación con reducción calórica.
Los ensayos citados apoyan, de forma general, alrededor de 150 minutos semanales de actividad física para favorecer la pérdida de peso cuando se combina con ajustes alimentarios. Para mantener una pérdida de peso a largo plazo, algunos programas utilizan entre 60 y 90 minutos diarios la mayoría de los días, aunque la cantidad adecuada debe individualizarse.
Esto no significa que una persona sedentaria deba comenzar directamente con una hora diaria. Es más parecido a subir una escalera: conviene empezar con un escalón alcanzable y aumentar progresivamente.
3. El entrenamiento de fuerza ayuda a conservar músculo
Durante la pérdida de peso, especialmente cuando se utilizan medicamentos para adelgazar o se ha realizado cirugía bariátrica, el entrenamiento de resistencia puede ayudar a reducir la pérdida de masa muscular y fuerza. Sus efectos independientes sobre el peso suelen ser modestos, pero es valioso para mejorar la composición corporal y preservar tejido muscular.
Por eso, una estrategia equilibrada suele combinar actividad aeróbica —como caminar a paso ligero— con ejercicios de fuerza adaptados a la capacidad de cada persona.
4. Las personas activas con obesidad podrían tener menor riesgo cardiovascular
Los datos observacionales citados en la declaración señalan que, entre adultos con obesidad, quienes realizan más actividad física presentan un 21% menos de riesgo de muerte por cualquier causa y un 24% menos de riesgo de muerte cardiovascular que las personas inactivas.
Estas cifras muestran una asociación importante, pero no demuestran por sí solas que el ejercicio sea la única causa de la diferencia. Las personas activas también pueden tener otros hábitos favorables, como una alimentación diferente, mejor acceso a atención médica o menor consumo de tabaco.
5. Los dispositivos portátiles pueden facilitar la adherencia
Relojes inteligentes, podómetros y otros dispositivos pueden registrar pasos, frecuencia cardíaca, intensidad del ejercicio y tiempo sedentario. Una revisión general de 39 metaanálisis, con casi 164.000 participantes, encontró que el uso de rastreadores se asociaba con aproximadamente 1.800 pasos adicionales al día.
En rehabilitación cardíaca, los programas apoyados por dispositivos también pueden aumentar la actividad física y mejorar la condición cardiorrespiratoria. Sin embargo, la tecnología debe ser una ayuda, no un sustituto de la evaluación clínica.

¿Qué significa para la alimentación?
La principal conclusión nutricional es sencilla: para perder peso y mejorar la salud metabólica, el ejercicio funciona mejor cuando se acompaña de una alimentación adecuada. No se trata de buscar una dieta milagrosa, sino de crear un déficit energético razonable y sostenible, con suficiente proteína y alimentos nutritivos.
En la práctica, puede ser útil:
- Priorizar verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, frutos secos y fuentes de proteína de calidad.
- Reducir bebidas azucaradas, alcohol y productos ultraprocesados de consumo frecuente.
- Distribuir la proteína durante el día, especialmente si se realiza entrenamiento de fuerza.
- Evitar compensar automáticamente el ejercicio comiendo mucho más después.
- Buscar una reducción de peso gradual y compatible con la vida cotidiana.
Estas recomendaciones deben adaptarse a enfermedades, medicamentos, preferencias culturales, presupuesto y posibles trastornos de la conducta alimentaria.
Fortalezas, sesgos y limitaciones de la evidencia
Fortalezas
La declaración integra información de diferentes tipos de estudios y contempla numerosos escenarios clínicos: enfermedad coronaria, insuficiencia cardíaca, obesidad, adultos mayores, rehabilitación y programas domésticos. Además, no se limita a recomendar ejercicio, sino que aborda cómo prescribirlo y cómo favorecer la adherencia.
Limitaciones
La evidencia no responde con precisión a todas las preguntas. El documento reconoce que todavía se conoce poco sobre la mejor combinación de ejercicios, la progresión ideal y la adaptación a personas con varias enfermedades, programas en casa o componentes psicológicos.
También persisten problemas para comparar estudios porque no todos miden los mismos resultados. Faltan ensayos prolongados que evalúen desenlaces clínicos importantes durante muchos años. Además, los estudios observacionales sobre actividad física pueden estar influidos por factores de confusión, como el nivel socioeconómico, la dieta o el estado general de salud.
Otro reto es la aplicación real. Menos de un tercio de las personas elegibles participa en rehabilitación cardíaca en los países con datos disponibles, debido a barreras como desplazamientos, tiempo y acceso.
Recomendaciones prácticas para el público general
- Empieza de forma gradual. Si actualmente no haces ejercicio, caminar unos minutos puede ser un buen comienzo.
- Combina movimiento aeróbico y fuerza. Caminar, pedalear o nadar puede complementarse con ejercicios de resistencia.
- Acompaña el ejercicio con una alimentación sostenible. La dieta y la actividad física deben trabajar juntas.
- Utiliza un dispositivo solo si le ayuda. Contar pasos puede aumentar la motivación, pero no es obligatorio.
- Adapta el plan a su estado de salud. Si existe enfermedad cardiovascular, conviene consultar con un profesional.
- Detente ante síntomas nuevos. Dolor u opresión en el pecho, falta de aire inusual, mareo o palpitaciones importantes requieren suspender la actividad y solicitar atención médica.
Recomendaciones para profesionales de la salud
Los profesionales deberían tratar el ejercicio como parte del plan terapéutico, no como un consejo genérico añadido al final de la consulta. Es recomendable valorar la capacidad funcional, las limitaciones, los objetivos del paciente, el entorno y las barreras de acceso. La prescripción debe ser progresiva y revisarse periódicamente.
En personas con obesidad, la conversación debe centrarse no solo en el peso, sino también en fuerza, capacidad funcional, salud metabólica, calidad de vida y mantenimiento de masa muscular. La intervención dietética y el ejercicio deben coordinarse, especialmente cuando se utilizan fármacos para perder peso o se ha realizado cirugía bariátrica.
Conclusión
La declaración científica del ACC de 2026 refuerza una idea clave: el ejercicio es una herramienta esencial para proteger la salud cardiovascular y mejorar la calidad de vida, incluso cuando la pérdida de peso es limitada. Para adelgazar, la combinación de actividad física y alimentación suele ser más efectiva que cualquiera de las dos estrategias por separado.
La mejor recomendación no es la más intensa, sino la que una persona puede realizar de manera segura, progresiva y constante. En salud cardiovascular, la constancia se parece más a llenar una alcancía poco a poco que a realizar un esfuerzo extraordinario una sola vez.
Bibliografía
- Myers, J., Beckie, T. M., Chastin, S., Fleg, J. L., Kitzman, D. W., Thompson, P. D., & Wasfy, M. M. (2026). Exercise Prescriptions for Cardiovascular Health in Adults: 2026 ACC Scientific Statement. JACC. https://doi.org/10.1016/j.jacc.2026.09.008.
Descargo de Responsabilidad: Este contenido es informativo y no reemplaza el consejo personalizado de profesionales de la salud. En caso de emergencia, comunícate con los servicios locales.
Declaración sobre el uso de la IA generativa y de las tecnologías asistidas por IA en el proceso de redacción: Durante la preparación de este contenido, el autor utilizó el modelo GPT-6 Luna para apoyar la edición lingüística y mejorar la claridad de algunas partes del texto. Tras utilizar esta herramienta, el autor revisó y ajustó el contenido cuando lo consideró necesario, asumiendo toda la responsabilidad por la publicación.
Fecha de actualización: 17 de octubre de 2026.
Responsable Editorial: Juan Mesa.







