¿Por qué importa la relación entre azúcar, antibióticos y microbiota?
La microbiota intestinal es el conjunto de microorganismos —principalmente bacterias— que viven en el aparato digestivo. Puede imaginarse como una comunidad o un ecosistema: algunas especies producen sustancias beneficiosas, ayudan a procesar componentes de los alimentos y participan en la regulación del sistema inmunitario.
Los antibióticos son medicamentos esenciales para combatir infecciones, pero no siempre distinguen perfectamente entre las bacterias perjudiciales y las beneficiosas. Por eso, durante o después de un tratamiento antibiótico, la composición de la microbiota puede cambiar. Este fenómeno se conoce como disbiosis, un desequilibrio en la comunidad microbiana.
La alimentación podría influir en la manera en que el intestino responde a esa alteración. No es lo mismo “regar” un jardín con una mezcla variada de nutrientes que proporcionar en exceso un único tipo de combustible. Algunos alimentos pueden favorecer la diversidad microbiana, mientras que otros podrían beneficiar a determinados microorganismos en detrimento de otros.
El estudio titulado “Sugar-rich foods exacerbate antibiotic-induced microbiome disruption” investigó precisamente la relación entre la dieta y los cambios de la microbiota en pacientes sometidos a trasplante alogénico de células hematopoyéticas, un procedimiento médico intenso que suele implicar hospitalización prolongada y exposición a tratamientos capaces de alterar profundamente el organismo.
¿Cuál era la hipótesis del estudio?
La hipótesis central era que la nutrición no constituye un factor secundario, sino que puede contribuir activamente a la evolución de la microbiota intestinal durante períodos de gran alteración fisiológica. Los investigadores plantearon que los cambios inducidos por los tratamientos médicos podían utilizarse como una oportunidad para observar cómo la dieta se relaciona con la composición microbiana.
En términos sencillos, intentaron responder a una pregunta como esta:
Cuando la microbiota está bajo presión por tratamientos médicos y antibióticos, ¿el tipo de alimentos consumidos puede influir en cuánto se deteriora o se recupera ese ecosistema intestinal?
El interés se centró especialmente en los azúcares, las grasas, la fibra y otros grupos de alimentos.
Cómo se realizó la investigación
Seguimiento de pacientes hospitalizados
El estudio fue una investigación de cohorte realizada en adultos sometidos a trasplante alogénico de células hematopoyéticas en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center, en Nueva York, entre 2017 y 2022. Los participantes aceptaron la recopilación y el análisis de muestras biológicas, y el estudio fue aprobado por el comité de ética correspondiente.
Los pacientes fueron invitados a participar en la recopilación de datos dietéticos tres veces por semana durante su hospitalización. Esto permitió registrar lo que comían de manera mucho más detallada que un cuestionario convencional de frecuencia alimentaria.
Registro detallado de las comidas
Los investigadores documentaron el consumo de 9.419 comidas pertenecientes a 173 pacientes. En algunos casos, cada participante aportó entre 8 y 128 comidas registradas.
La información se obtuvo a partir de los registros de la cocina hospitalaria, vinculados con las recetas y el peso de cada alimento. Además, una dietista revisó manualmente los datos para detectar errores evidentes, como cantidades de energía poco plausibles provocadas por errores tipográficos.
Los alimentos se organizaron en nueve grupos principales:
- Cereales y productos derivados.
- Verduras.
- Carnes.
- Leche y productos lácteos.
- Dulces y bebidas azucaradas.
- Frutas.
- Legumbres, frutos secos y semillas.
- Grasas, aceites y aderezos.
- Huevos.
Esta clasificación permitió analizar no solo los nutrientes, sino también los alimentos concretos que componían la dieta.
Análisis de muestras de heces
De un subconjunto de 158 pacientes se analizaron 1.009 muestras de heces mediante secuenciación del ARN ribosomal 16S, una técnica que permite identificar y comparar grupos de bacterias intestinales. Cada paciente aportó una mediana de cinco muestras, aunque el número varió entre 1 y 28.
Los investigadores utilizaron estas muestras para observar:
- Qué bacterias estaban presentes.
- Cómo cambiaba la diversidad microbiana con el paso del tiempo.
- Si esos cambios coincidían con variaciones en la alimentación.
- Qué relación existía entre determinados grupos de alimentos y la composición de la microbiota.
También compararon distintas ventanas temporales: por ejemplo, la alimentación registrada durante uno, dos, tres, cuatro o cinco días antes de cada muestra fecal.
Comparación de patrones dietéticos
Además del análisis alimento por alimento, los investigadores buscaron patrones generales de consumo. Examinaron la ingesta de grasas, fibra, proteínas, azúcares y otros carbohidratos entre siete días antes y doce días después del trasplante. Posteriormente, agruparon a los pacientes según la evolución de esos nutrientes a lo largo del tiempo.
Para estudiar la relación entre la dieta y la microbiota se emplearon modelos estadísticos diseñados para datos repetidos, ya que cada paciente podía aportar varias muestras y múltiples registros alimentarios.
Principales resultados disponibles
La diversidad de la microbiota disminuyó durante la hospitalización
Uno de los hallazgos descritos en el material proporcionado fue una disminución temporal de la diversidad alfa de la microbiota fecal. Esta expresión se refiere, de forma sencilla, a la variedad de microorganismos presentes en una muestra.
Una comunidad intestinal diversa puede compararse con un bosque que contiene muchas especies de árboles, plantas y animales. Si desaparecen numerosas especies y solo quedan unas pocas, el ecosistema puede volverse más vulnerable a nuevas alteraciones.
La reducción de la diversidad microbiana coincidió con cambios en la ingesta calórica y en la diversidad de los alimentos consumidos durante el periodo hospitalario.
La alimentación cambió durante el proceso de trasplante
El análisis de los datos dietéticos mostró que los pacientes consumían más calorías al comienzo del periodo estudiado y que sus comidas eran inicialmente más complejas o variadas. Tanto la ingesta calórica como la diversidad dietética cambiaron con el tiempo.
Esto es relevante porque una modificación de la dieta puede actuar como un cambio ambiental para la microbiota. Si disminuye la variedad de alimentos o se concentra la alimentación en determinados componentes, también puede cambiar el tipo de nutrientes disponibles para las bacterias intestinales.
El estudio relacionó la dieta con la composición microbiana
Los investigadores encontraron asociaciones entre las características de la alimentación y distintos aspectos de la microbiota. Para establecerlas, compararon los patrones dietéticos con la composición bacteriana en muestras fecales recogidas de forma longitudinal.
Sin embargo, los fragmentos disponibles no muestran los tamaños exactos de los efectos ni permiten precisar qué especies bacterianas aumentaron o disminuyeron en relación con el consumo de alimentos ricos en azúcar. Por tanto, no sería riguroso presentar cifras concretas o afirmar que el azúcar fue la única causa de la alteración microbiana.

¿Qué significa que los alimentos ricos en azúcar puedan empeorar la disbiosis?
Según el planteamiento del artículo, los alimentos ricos en azúcar podrían influir en una microbiota ya debilitada por los antibióticos y otros tratamientos. La idea no significa que una porción ocasional de un alimento dulce destruya la microbiota intestinal.
El posible problema se refiere al contexto: una dieta con abundantes azúcares y poca variedad podría proporcionar un entorno favorable para algunos microorganismos, mientras reduce la disponibilidad relativa de otros nutrientes, como la fibra. La fibra, presente en legumbres, frutas, verduras y cereales integrales, llega parcialmente al colon y puede ser utilizada por bacterias que producen compuestos beneficiosos.
Una analogía útil es la de una ciudad después de una gran tormenta. Si la infraestructura está dañada, cualquier decisión sobre los recursos disponibles puede influir en la recuperación. Una dieta variada puede aportar distintos materiales; una alimentación muy limitada o dominada por azúcares puede favorecer una reconstrucción menos equilibrada.
Aun así, esta explicación debe interpretarse como una posible vía biológica, no como una prueba de que todos los alimentos azucarados tengan el mismo efecto ni de que eliminar completamente el azúcar prevenga la disbiosis.
Fortalezas del estudio
Registro dietético de alta precisión
Una de las principales fortalezas fue la recopilación frecuente y detallada de las comidas. En lugar de preguntar a los pacientes cuánto comían “habitualmente”, los investigadores registraron alimentos concretos, cantidades y momentos próximos a la toma de muestras.
Seguimiento longitudinal
El estudio no comparó únicamente dos grupos en un momento aislado. Recogió datos dietéticos y muestras fecales a lo largo del tiempo, lo que permitió observar la evolución de la microbiota durante una etapa clínica compleja.
Integración de nutrición y microbiología
El trabajo combinó información sobre alimentos, macronutrientes y microorganismos intestinales. Esta visión es más completa que estudiar el azúcar o la microbiota de forma separada.
Limitaciones y posibles sesgos
No fue un ensayo clínico de alimentación
El diseño fue observacional. Los investigadores registraron lo que los pacientes comían, pero no asignaron al azar una dieta alta o baja en azúcar. Por ello, las asociaciones observadas no prueban por sí solas que el azúcar haya causado los cambios en la microbiota.
Pacientes con una situación clínica muy específica
Los participantes eran adultos sometidos a trasplante hematopoyético. Sus resultados no pueden extrapolarse automáticamente a personas sanas, a quienes toman antibióticos durante pocos días o a quienes tienen una dieta habitual distinta.
Muchos factores pueden alterar la microbiota
Además de la alimentación, estos pacientes pueden estar expuestos a antibióticos, quimioterapia, inmunosupresores, cambios en el tránsito intestinal, infecciones y distintos tipos de trasplante. Algunos de estos factores están relacionados entre sí, lo que dificulta separar el efecto independiente del azúcar.
No se evaluó la dieta previa al ingreso
El propio protocolo señala que no se recogieron los patrones alimentarios habituales antes de la hospitalización. Aunque se incluyeron términos específicos por paciente para captar parte de la variabilidad individual, la alimentación previa sigue siendo un posible factor no medido.
No se realizó un cálculo formal del tamaño de muestra
Para el componente humano, el tamaño de la cohorte dependió de los pacientes elegibles que aceptaron participar durante el periodo disponible, y no se realizó un cálculo formal previo de potencia estadística.
¿Qué recomendaciones pueden extraerse?
Para el público general:
- No es necesario interpretar estos resultados como una razón para eliminar todos los azúcares.
- Durante un tratamiento antibiótico, conviene priorizar una alimentación variada y suficiente, siempre que el estado de salud lo permita.
- Puede ser razonable incluir fuentes de fibra como verduras, frutas, legumbres y cereales integrales, salvo que un profesional indique lo contrario.
- Las personas hospitalizadas o inmunodeprimidas deben seguir las normas de seguridad alimentaria de su equipo médico.
- No se deben hacer cambios dietéticos importantes sin consultar al médico o al nutricionista, especialmente después de un trasplante.
Para profesionales de la salud
La investigación apoya la importancia de considerar la alimentación como parte del entorno que acompaña a los tratamientos que alteran la microbiota. Sin embargo, antes de recomendar restricciones específicas de azúcar, hacen falta estudios de intervención que comparen dietas definidas y midan resultados clínicos, no solo cambios bacterianos.
Conclusión: una dieta variada podría ser parte de la recuperación intestinal
El estudio aporta una perspectiva importante: la microbiota no responde únicamente a los antibióticos o a los tratamientos médicos. También puede verse influida por lo que el paciente consume durante ese periodo.
Los datos disponibles muestran que la diversidad microbiana disminuyó durante la hospitalización y que los cambios en la dieta se relacionaron con la evolución de la microbiota. El título del trabajo plantea que los alimentos ricos en azúcar pueden exacerbar la alteración inducida por antibióticos, pero los fragmentos proporcionados no permiten cuantificar ese efecto ni convertirlo en una recomendación universal.
La conclusión más prudente es que, cuando sea clínicamente posible, una alimentación suficiente, variada y adaptada a cada paciente puede ser un componente relevante del cuidado intestinal. El azúcar merece atención, pero no debe analizarse de forma aislada ni utilizarse para sustituir el tratamiento médico.
Preguntas frecuentes
¿Los antibióticos destruyen toda la microbiota intestinal?
No. Pueden modificar su composición y reducir su diversidad, pero el efecto depende del antibiótico, la duración del tratamiento, el estado de salud y otros factores.
¿Debo evitar completamente el azúcar durante un tratamiento antibiótico?
No puede recomendarse una eliminación total basándose únicamente en este estudio. Lo razonable es evitar un consumo excesivo y mantener una dieta variada, siguiendo siempre las indicaciones del equipo de salud.
¿Tomar fibra siempre es beneficioso durante una hospitalización?
No necesariamente. Algunas personas pueden necesitar restricciones temporales por su situación clínica. La cantidad y el tipo de fibra deben individualizarse.
¿Este estudio demuestra que el azúcar causa disbiosis?
No de manera definitiva. Al tratarse principalmente de un estudio observacional, identifica asociaciones. Para demostrar causalidad, se necesitan ensayos clínicos controlados.
Bibliografía
- Dai, A., Ballweg, A., Jogia, W., Rangesa, M., Adintori, P. A., Baichoo, M., Funnell, T., Fei, T., Waters, N. R., Swartz, A., Sahu, S., Gipson, B., Raj, S. S., Hayase, E., Pierce, Z., Wu, K., Smith, N., Neuberger, J., Warren, A., … Peled, J. U. (2026). Sugar-rich foods exacerbate antibiotic-induced microbiome disruption. Nature. https://doi.org/10.1038/s41586-026-11077-3.
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Fecha de actualización: 10 de octubre de 2026.
Responsable Editorial: Juan Mesa.







