El café y el té en nuestra sociedad
Tomar té, café o cualquier otra bebida caliente forma parte de la rutina diaria de millones de personas. Sin embargo, una nueva investigación británica sugiere que la temperatura a la que se consumen estas bebidas podría ser más importante que la bebida en sí.
El estudio analizó a casi un millón de adultos del Reino Unido y observó que quienes preferían las bebidas “muy calientes” o tomaban seis o más bebidas calientes al día presentaban un mayor riesgo de desarrollar carcinoma escamoso de esófago, uno de los principales tipos de cáncer esofágico. En cambio, no se encontró una relación relevante con el adenocarcinoma de esófago.
Esto no significa que el té o el café sean cancerígenos ni que una taza caliente vaya a causar cáncer. El hallazgo apunta, sobre todo, al posible efecto de la exposición repetida al calor intenso sobre el tejido del esófago.
¿Por qué se realizó este estudio?
El esófago es el tubo que transporta los alimentos y las bebidas desde la boca hasta el estómago. A diferencia de otros órganos, está expuesto directamente a todo lo que ingerimos, incluida la temperatura de los alimentos y líquidos.
Estudios anteriores habían sugerido que consumir bebidas muy calientes podría estar relacionado con un mayor riesgo de cáncer de esófago. Sin embargo, buena parte de esa evidencia procedía de regiones donde las bebidas se consumen a temperaturas particularmente elevadas. Por eso, todavía no estaba claro si el mismo patrón podía observarse en países occidentales, donde las bebidas calientes suelen consumirse a temperaturas menos extremas.
Los investigadores quisieron responder a dos preguntas principales:
- ¿Existe una relación entre preferir las bebidas muy calientes y el cáncer de esófago?
- ¿Influye también la cantidad de bebidas calientes consumidas cada día?
Una forma sencilla de entenderlo sería comparar el efecto de una quemadura ocasional con el de irritar repetidamente una zona de la piel. Una sola exposición probablemente no tenga las mismas consecuencias que someterla muchas veces a una agresión intensa. Esta es, en parte, la hipótesis que se intenta explorar con las bebidas muy calientes.
¿Cómo se hizo la investigación?
Los autores utilizaron información de dos grandes estudios británicos:
- Million Women Study, que reclutó aproximadamente a 1,3 millones de mujeres de Inglaterra y Escocia entre 1996 y 2001.
- UK Biobank, que incluyó a más de 500.000 hombres y mujeres de entre 37 y 73 años entre 2006 y 2010.
Después de aplicar los criterios necesarios para el análisis, participaron:
- 510.112 personas del Million Women Study.
- 467.170 personas del UK Biobank.
En total, se analizaron cerca de 980.000 participantes. Los investigadores recopilaron información sobre sus hábitos de consumo de bebidas calientes, incluida la temperatura preferida —“templada”, “caliente” o “muy caliente”— y la cantidad de bebidas consumidas al día.
Posteriormente, relacionaron esos datos con los diagnósticos de cáncer obtenidos mediante registros sanitarios y hospitalarios. Los participantes fueron seguidos durante años: el seguimiento medio en el Million Women Study fue de 14,2 años.
Para estimar la relación entre los hábitos de consumo y el cáncer, utilizaron un método estadístico denominado regresión de Cox. En términos sencillos, esta técnica permite comparar la probabilidad de que aparezca una enfermedad a lo largo del tiempo, teniendo en cuenta que no todas las personas son seguidas exactamente durante el mismo periodo.
Además, los investigadores ajustaron los análisis considerando otros factores que también pueden influir en el riesgo de cáncer, como características personales y hábitos de vida. También comprobaron si los resultados cambiaban al excluir los primeros cinco años de seguimiento, una estrategia utilizada para reducir la posibilidad de que algunas personas ya tuvieran una enfermedad incipiente al comenzar el estudio.
¿Qué encontraron?
En ambos estudios, alrededor del 43-44 % de los participantes declararon tomar seis o más bebidas calientes al día. Entre el 13 % y el 17 % indicaron que preferían consumirlas “muy calientes”.
Los resultados principales fueron los siguientes:
1. Las bebidas muy calientes se asociaron con más casos de carcinoma escamoso
Las personas que preferían tomar sus bebidas “muy calientes” presentaron un mayor riesgo de desarrollar carcinoma escamoso de esófago en comparación con quienes las preferían templadas.
Este tipo de tumor se origina en las células que recubren el interior del esófago. El estudio encontró que la asociación era consistente con una posible relación entre el calor intenso y este tipo específico de cáncer.
2. Tomar seis o más bebidas calientes al día también se relacionó con un mayor riesgo
El consumo frecuente —seis o más bebidas calientes diariamente— se asoció asimismo con un mayor riesgo de carcinoma escamoso.
Esto no implica que exista un “número mágico” a partir del cual una bebida se vuelva peligrosa. La cifra de seis se utilizó como una categoría de análisis del estudio. No debe interpretarse automáticamente como un límite clínico universal.
3. No se observó una relación importante con el adenocarcinoma
El estudio no encontró una asociación relevante entre la temperatura o la cantidad de bebidas calientes y el adenocarcinoma de esófago, otro tipo frecuente de cáncer esofágico.
Esta diferencia es importante porque sugiere que el posible efecto del calor no actuaría de la misma manera sobre todos los tumores del esófago.
4. Añadir leche no pareció cambiar claramente la asociación
En una parte del Million Women Study, los investigadores analizaron si añadir leche al té o al café modificaba los resultados. La mayoría de las participantes que aportaron esta información añadía leche al té o al café, pero no se observaron pruebas claras de que la leche alterara la relación entre la temperatura de la bebida y el riesgo de cáncer.

¿Qué podría explicar estos resultados?
Una posibilidad es que el calor intenso produzca lesiones repetidas en la superficie del esófago. Con el tiempo, esas lesiones podrían favorecer procesos de reparación celular anómalos.
Podemos imaginarlo como una zona de la piel que se irrita una y otra vez: una exposición aislada probablemente se resuelve, pero una agresión repetida puede mantener una inflamación persistente y dificultar la recuperación normal. Esta comparación ayuda a comprender la hipótesis, aunque el estudio no demuestra directamente todos los mecanismos biológicos implicados.
También es posible que el efecto dependa de una combinación de factores. El riesgo de cáncer esofágico puede verse influido por el tabaco, el alcohol, el exceso de peso, el reflujo gastroesofágico y otros elementos. Por eso, la temperatura de las bebidas debe entenderse como un posible factor más, no como una causa única.
Análisis crítico: fortalezas del estudio
Este trabajo tiene varias fortalezas importantes:
- Incluye una muestra extraordinariamente grande, de casi un millón de personas.
- Utiliza dos cohortes independientes, lo que permite comprobar si los resultados se repiten en poblaciones diferentes.
- El seguimiento fue prolongado y se basó en registros sanitarios.
- Analiza por separado dos tipos principales de cáncer de esófago.
- Los resultados fueron similares después de excluir los primeros cinco años de seguimiento, lo que reduce la preocupación de que el cáncer ya estuviera presente al inicio del estudio.
La coincidencia de los resultados entre dos estudios grandes aumenta la confianza en que existe una asociación real, especialmente para el carcinoma escamoso.
Limitaciones que debemos tener en cuenta
A pesar de sus fortalezas, el estudio no puede demostrar que las bebidas muy calientes causen cáncer. Se trata de una investigación observacional: los investigadores observaron los hábitos de las personas y comprobaron qué ocurrió con el tiempo, pero no asignaron al azar a unos participantes bebidas calientes y a otros bebidas templadas.
Además, la temperatura fue comunicada por los propios participantes. Una persona puede considerar “muy caliente” una bebida que otra describiría como simplemente “caliente”. No se midió necesariamente la temperatura exacta en grados.
También puede existir confusión residual. Esto significa que algunos factores relacionados tanto con beber bebidas muy calientes como con el cáncer podrían no haberse medido o ajustado por completo. Por ejemplo, podrían influir otros hábitos dietéticos, el consumo de alcohol, el tabaquismo o las costumbres culturales relacionadas con la preparación de las bebidas.
Por tanto, los resultados son sólidos como señal de alerta científica, pero no permiten calcular con precisión el riesgo individual de cada persona ni establecer una temperatura universalmente segura.
¿Qué podemos hacer en la práctica?
La recomendación más sencilla y prudente es dejar que las bebidas se enfríen unos minutos antes de tomarlas, especialmente si queman la boca o resultan incómodas al beberlas.
Algunas medidas prácticas:
- Evitar beber té, café o infusiones inmediatamente después de prepararlos.
- Esperar hasta que la bebida pueda tomarse cómodamente sin soplar constantemente ni sentir ardor.
- No mantener el hábito de consumir repetidamente bebidas a temperaturas que produzcan dolor o quemazón.
- No eliminar automáticamente el café o el té: el estudio se centró principalmente en la temperatura y la frecuencia, no en demostrar que estas bebidas sean perjudiciales por sí mismas.
- Consultar con un profesional sanitario si existe dificultad persistente para tragar, dolor al tragar, pérdida de peso inexplicada o síntomas digestivos preocupantes.
Conclusión
Este gran estudio británico sugiere que preferir las bebidas muy calientes y consumir muchas bebidas calientes al día se relaciona con un mayor riesgo de carcinoma escamoso de esófago, pero no con el adenocarcinoma.
La evidencia no demuestra que una taza ocasional de té o café caliente provoque cáncer. Sin embargo, sí respalda una medida sencilla y de bajo coste: esperar unos minutos para que las bebidas alcancen una temperatura más moderada.
En salud pública, pequeños cambios sostenidos pueden ser razonables cuando apenas requieren esfuerzo y podrían reducir una exposición potencialmente dañina. La idea no es alarmarse ni renunciar a las bebidas favoritas, sino evitar consumirlas tan calientes que puedan lesionar los tejidos de la boca o del esófago.
Bibliografía
- Papier, K., Gaitskell, K., Floud, S., & Reeves, G. K. (2026). Hot Drinks and Oesophageal Cancer: Prospective Analyses in Around 1 Million Adults. International Journal of Cancer. https://doi.org/10.1002/ijc.70654.
Nota de Descargo de Responsabilidad: Este contenido es informativo y no reemplaza el consejo de profesionales de la salud. En caso de emergencia, comunícate con los servicios locales.
Fecha de Actualización: 3 de octubre de 2026.
Responsable Editorial: Juan Mesa.







