Cuando comer “saludable” deja de ser flexible
Las redes sociales están llenas de vídeos sobre recetas saludables, suplementos, ejercicio y alimentación “limpia”. A primera vista, este contenido parece inofensivo e incluso útil. Sin embargo, algunos mensajes pueden transmitir una idea demasiado rígida de la salud: comer de determinada manera se relaciona con tener un cuerpo ideal y los productos ultra procesados se describen como algo que debería evitarse siempre.
Esta forma de comunicación puede influir especialmente en personas vulnerables a desarrollar una relación obsesiva con la alimentación. El estudio analizado examinó contenido de TikTok e Instagram relacionado con el estilo de vida saludable, la nutrición y la alimentación limpia para identificar mensajes asociados con la ortorexia nerviosa, un patrón caracterizado por una preocupación excesiva por comer de manera “pura” o “correcta”. Es importante aclarar que la ortorexia nerviosa no debe confundirse con el simple interés por comer bien: el problema aparece cuando las reglas alimentarias se vuelven tan estrictas que generan ansiedad, aislamiento social o dificultades en la vida cotidiana.
Una analogía útil sería pensar en la alimentación como un mapa. Un mapa puede ayudarnos a orientarnos, pero si se convierte en una lista de prohibiciones que impide desviarse incluso en ocasiones especiales, deja de ser una herramienta y se transforma en una fuente de control.
¿Qué investigó este estudio?
El objetivo fue analizar si los vídeos de TikTok e Instagram incluían mensajes relacionados con:
- La rigidez de las reglas alimentarias.
- La clasificación moral de los alimentos.
- El miedo o el rechazo hacia determinados productos.
- La relación entre alimentación, ejercicio y apariencia física.
- La idealización de cuerpos delgados o musculosos.
- La credibilidad de la información.
- Las diferencias entre publicaciones de personas cualificadas y de influencers sin formación en salud.
El análisis se centró en contenido dirigido a mujeres y protagonizado por creadoras, debido a que este tipo de mensajes suele dirigirse de forma desproporcionada a un público femenino y tiende a mostrar conductas idealizadas de alimentación y ejercicio.
Metodología explicada de forma sencilla
Los investigadores realizaron un análisis de contenido. En lugar de preguntar directamente a los usuarios qué comían o cómo se sentían, observaron y clasificaron vídeos publicados públicamente en TikTok e Instagram.
Para cada vídeo, analizaron aspectos como:
- Si promovía una alimentación saludable o “limpia”.
- Si recomendaba controlar macronutrientes, como proteínas, grasas o carbohidratos.
- Si promocionaba suplementos, superalimentos o productos específicos.
- Si presentaba la comida de forma muy estética o idealizada.
- Si imponía reglas o restricciones alimentarias.
- Si utilizaba mensajes basados en el miedo.
- Si asociaba la alimentación con la belleza, el estado físico o el estatus social.
- Si la persona que publicaba parecía tener formación profesional o no.
El contenido también se clasificó según su credibilidad: podía considerarse creíble, engañoso o potencialmente perjudicial. El estudio no incluyó participantes humanos entrevistados ni experimentos clínicos; analizó publicaciones disponibles públicamente en internet. Por ese motivo, sus resultados describen los mensajes que circulan en redes, pero no permiten determinar por sí solos cómo reaccionará cada persona ante ellos.
Principales resultados: qué mensajes aparecen con más frecuencia
La alimentación “saludable” dominó gran parte de los vídeos
En conjunto, el 67,3 % de los vídeos hacía hincapié en la alimentación limpia o saludable. Además, el 31,3 % destacaba el consumo de macronutrientes, como proteínas, grasas o carbohidratos. No se observaron diferencias estadísticamente significativas entre TikTok e Instagram en estos aspectos.
Esto no significa que hablar de alimentación saludable sea negativo. El problema depende de cómo se presenta el mensaje. Explicar que una dieta variada incluye frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y fuentes de proteínas es muy diferente a afirmar que solo existe una manera “correcta” de comer.
Los suplementos y superalimentos aparecieron en tres de cada cuatro vídeos
La promoción o el consumo de suplementos y superalimentos apareció en el 75,3 % de los vídeos analizados. Tampoco hubo diferencias significativas entre las dos plataformas.
Este hallazgo es relevante porque las redes pueden presentar productos concretos como imprescindibles para estar sano, tener más energía o conseguir determinado cuerpo. Sin embargo, que un alimento o suplemento aparezca repetidamente en vídeos populares no demuestra que sea necesario ni que tenga los beneficios prometidos.
Un ejemplo sería la diferencia entre recomendar una herramienta útil para algunas personas y afirmar que todo el mundo necesita esa herramienta. En nutrición, las necesidades dependen de la alimentación global, la salud, los medicamentos, la actividad física y los estilos de vida individuales.
Casi la mitad de los vídeos mostraba la comida de forma idealizada
La alimentación saludable se presentó de forma estética en el 49,3 % de los vídeos. Esto puede incluir platos cuidadosamente preparados, cocinas impecables, envases atractivos o rutinas alimentarias asociadas con una apariencia corporal concreta.
Las imágenes bonitas no son perjudiciales por sí mismas. No obstante, cuando se repiten junto con cuerpos considerados perfectos y mensajes de disciplina, pueden transmitir la idea de que la salud siempre debe verse atractiva, ordenada y controlada.
Las reglas y restricciones alimentarias fueron frecuentes
Casi uno de cada tres vídeos, concretamente el 28,7 %, imponía reglas o restricciones sobre la comida. Además, el 16 % incluía mensajes basados en el miedo o en la evitación de determinados alimentos. El lenguaje moral, como describir alimentos como “buenos”, “malos”, “limpios” o “sucios”, apareció en el 19,7 % de los vídeos.
Entre los ejemplos descritos por los autores se encuentran recomendaciones para evitar ciertos yogures procesados o mensajes que advertían de supuestos peligros de alimentos concretos, como la afirmación de que las manzanas ecológicas tendrían sustancias que se acumulan en el intestino. El estudio señala que este tipo de afirmaciones puede favorecer el miedo a la comida y las conductas restrictivas, especialmente en personas vulnerables.
La apariencia física se relacionó repetidamente con la alimentación
Muchos vídeos vinculaban lo que una persona come con el aspecto de su cuerpo. Algunos mensajes relacionaban determinados alimentos o bebidas con conseguir glúteos más desarrollados, perder peso rápidamente o acelerar determinados cambios físicos.
Este enfoque puede convertir la alimentación en una especie de examen diario: cada comida parece evaluarse según si acerca o aleja a la persona de un cuerpo ideal. El riesgo es que se pierdan de vista otras funciones de la alimentación, como obtener energía, disfrutar, compartir con otras personas y mantener una relación flexible con la comida.
Instagram mostró más señales de estatus social
Instagram fue más propenso que TikTok a presentar el estilo de vida saludable como una forma de estatus social: esto apareció en el 36 % de las publicaciones de Instagram, frente al 24,7 % de TikTok. La diferencia fue estadísticamente significativa.
Los autores también describen mensajes que asociaban el consumo de alimentos caros o poco accesibles —como ciertos “superalimentos”, suplementos o productos especializados— con ser una persona de mayor calidad o superioridad. Esto puede hacer que la salud parezca depender de comprar productos exclusivos, cuando muchas estrategias beneficiosas, como cocinar más en casa o incluir legumbres, no requieren alimentos de lujo.

¿Quién publica esta información?
El estudio señala que gran parte del contenido procede de influencers sin formación profesional. Estas publicaciones pueden ofrecer consejos inexactos o excesivamente simplificados, aunque muchos usuarios las perciben como creíbles y confiables. Además, algunos influencers presentan estilos de vida extremos o idealizados y equiparan estar sano con ser delgado, musculoso o atlético.
En contraste, los profesionales cualificados pueden contribuir a una comunicación más equilibrada, centrada en el bienestar psicológico, la individualización y la funcionalidad del cuerpo, en lugar de enfocarse exclusivamente en la apariencia. También pueden ser más propensos a defender una alimentación flexible y a considerar aceptable consumir ocasionalmente alimentos “menos nutritivos” sin convertirlos en una fuente de culpa.
El artículo destaca que los profesionales cualificados aparecieron con mayor frecuencia en publicaciones asociadas con el hashtag de nutrición. Los autores proponen que también utilicen etiquetas más amplias, como #healthylifestyle, para aumentar el alcance de la información basada en evidencia.
Análisis crítico: fortalezas y limitaciones
Fortalezas del estudio
Una fortaleza importante es que no se limita a analizar imágenes corporales o dietas, sino que examina varios mecanismos relacionados con la ortorexia nerviosa: la moralización de los alimentos, la rigidez, el miedo, la idealización estética y la credibilidad de los mensajes.
También es útil que compare TikTok e Instagram y que diferencie entre contenido de personas cualificadas e influencers. Esto permite observar que el problema no se reduce a una única plataforma ni a un único tipo de publicación.
Además, el estudio analiza contenido real publicado en redes sociales, no únicamente ejemplos hipotéticos creados para una investigación. Esto ayuda a comprender el entorno informativo con el que se encuentran los usuarios.
Limitaciones que deben tenerse en cuenta
El estudio describe publicaciones, pero no demuestra que esos vídeos causen ortorexia nerviosa, ansiedad alimentaria o trastornos de la conducta alimentaria. Para establecer causalidad habría que seguir a usuarios a lo largo del tiempo y evaluar cómo cambia su comportamiento.
El análisis se centró en contenido dirigido a mujeres y protagonizado por creadoras. Por tanto, los resultados no necesariamente pueden generalizarse a hombres, personas no binarias, otros grupos de edad o contenidos de otros países y culturas.
Otra limitación es que clasificar una publicación como creíble, engañosa o perjudicial implica aplicar criterios de análisis. Aunque los investigadores pueden utilizar procedimientos sistemáticos, siempre existe cierto margen de interpretación. Además, el contenido de las redes cambia rápidamente: los algoritmos, las tendencias y los hashtags pueden modificar qué publicaciones ve cada usuario.
Finalmente, el estudio no permite saber si un vídeo fue visto una sola vez, compartido repetidamente o integrado en una rutina diaria. La exposición ocasional a un consejo no equivale a consumir durante meses mensajes restrictivos y centrados en la apariencia.
¿Qué significa esto para quienes usan redes sociales?
La recomendación no es dejar de seguir todo contenido sobre nutrición, sino aprender a identificar señales de alerta. Conviene desconfiar de publicaciones y creadores que:
- Prometen perder peso o transformar el cuerpo rápidamente.
- Presentan un suplemento como imprescindible para todo el mundo.
- Utilizan miedo, culpa o vergüenza para convencer.
- Afirman que un único alimento desintoxica, cura o resuelve un problema de salud.
- Sugieren eliminar grupos completos de alimentos sin explicar el motivo.
- Presentan un cuerpo concreto como prueba de salud o disciplina.
- No citan fuentes fiables ni reconocen la incertidumbre.
Una cuenta más confiable suele explicar que las necesidades varían entre personas, diferencia entre evidencia y opinión, evita las promesas absolutas y no convierte una elección alimentaria en una medida del valor personal.
Si las reglas sobre la comida generan ansiedad, culpa, aislamiento social o una preocupación constante, es recomendable consultar con un nutricionista dietista y un profesional de la salud mental con experiencia en trastornos de la conducta alimentaria.
Recomendaciones para profesionales de la salud
Los profesionales pueden ayudar a contrarrestar la desinformación mediante mensajes claros, prácticos y fáciles de compartir. No basta con publicar información técnicamente correcta: también es necesario utilizar formatos atractivos y responder a las dudas reales de la población.
La comunicación debería:
- Priorizar la flexibilidad y la variedad.
- Explicar que la salud no puede juzgarse únicamente por la apariencia.
- Evitar el lenguaje moralizante sobre los alimentos.
- Contextualizar el uso de suplementos.
- Desmentir mitos sin repetirlos de forma sensacionalista.
- Hablar de bienestar, energía, funcionalidad y calidad de vida, no solo de peso.
- Reconocer que comer también tiene dimensiones sociales, culturales y placenteras.
Conclusión: comer saludable no significa comer con miedo
Este análisis de TikTok e Instagram muestra que una parte importante del contenido sobre nutrición y vida saludable incluye reglas, restricciones, promoción de suplementos, mensajes basados en el miedo y vínculos entre alimentación y apariencia. Estos elementos no prueban que las redes sociales causen ortorexia nerviosa, pero sí revelan un entorno digital que puede reforzar la rigidez alimentaria y la obsesión por alcanzar un cuerpo ideal.
La alimentación saludable no debería parecer una competición ni una prueba de pureza personal. Una dieta equilibrada puede incluir alimentos nutritivos, productos procesados, comidas celebradas y elecciones diferentes según el contexto. La clave no es seguir reglas cada vez más estrictas, sino construir una relación flexible, suficiente y sostenible con la comida.
Preguntas frecuentes
¿Hablar de alimentación saludable en redes sociales es perjudicial?
No necesariamente. El riesgo aumenta cuando el contenido utiliza miedo, culpa, reglas rígidas o promesas vinculadas a la apariencia física.
¿Qué es la ortorexia nerviosa?
Es una preocupación excesiva por comer de forma “pura” o correcta. Puede implicar restricciones crecientes, ansiedad y dificultades sociales. El estudio analiza mensajes relacionados con sus características, pero no diagnostica ortorexia en los creadores ni en los usuarios.
¿Los suplementos son necesarios para estar sano?
No para todo el mundo. Su utilidad depende de las necesidades individuales y de la situación clínica. La presencia frecuente de suplementos en redes no demuestra que sean imprescindibles.
¿Es mejor TikTok o Instagram para informarse sobre nutrición?
El estudio encontró patrones similares en muchas categorías. Instagram mostró más publicaciones que presentaban la alimentación saludable como estatus social, pero ninguna plataforma debe considerarse automáticamente fiable: lo importante es la calidad de la fuente y del contenido.
Bibliografía
- Porteous, K., Kemps, E., Powell, A., & Prichard, I. (2026). “Eat Like Me = Look Like Me:” A Content Analysis of Healthy Lifestyle, Nutrition and Clean Eating Social Media Content. Journal of Technology in Behavioral Science. https://doi.org/10.1007/s41347-026-00685-5.
Descargo de Responsabilidad: Este contenido es informativo y no reemplaza el consejo de profesionales de la salud. En caso de emergencia, comunícate con los servicios locales.
Declaración de uso de Inteligencia Artificial: Para la elaboración de este texto se utilizó inteligencia artificial únicamente como apoyo en la corrección de estilo, la redacción y la organización estructural del contenido. Las ideas, la información y la revisión final son responsabilidad del autor.
Fecha de actualización: 7 de octubre de 2026.
Responsable Editorial: Juan Mesa.







